Archivo del Autor: Carlos Brando

El plebiscito por la paz

Por Carlos Brando, Universidad de Los Andes

¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? A esta pregunta podrán responder casi 35 millones de colombianos habilitados para votar el próximo domingo 2 de octubre. Tras el cierre de las negociaciones y la firma del acuerdo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el líder de la guerrilla de las FARC, será la voluntad del pueblo expresada en las urnas la que decida si el proceso avanza hacia su etapa de implementación y verificación (o no). La refrendación por la vía popular es una estrategia arriesgada del presidente que la juzga necesaria para imprimirle mayor legitimidad política.

Ahora, ¿es de verdad probable que Colombia pierda la paz en las urnas?

Transitar el camino plebiscitario implica sortear dos altos. Primero, la participación debe superar el umbral del 13% del censo electoral impuesto por la Corte Constitucional, es decir, 4,380,000 votos. Segundo, obviamente debe ganar el Sí. Por escasez de antecedentes pronosticar la participación ciudadana en este tipo de ejercicios es más difícil que hacerlo en elecciones presidenciales, legislativas o regionales. Por ejemplo, en las tres elecciones regionales  celebradas en 2007, 2011 y 2015 la participación fue de 56,9%, 57,1%, y 59,4%, respectivamente. Una variación baja. La trayectoria para los comicios legislativos también exhibe una variación modesta. Desde 43,6% en las de 2014 hasta 45,7% en 2006, pasando por 44,2% en 2010.

En el último plebiscito en el que votaron los colombianos en 1957 la participación fue abrumadora: 82%. La participación ciudadana más alta en la historia electoral del país. Lo hicieron en un contexto irreplicable, sin embargo, pues se decidía por otorgar el derecho al voto a la mujer (ésta a su vez podía votar), y además se le ponía punto final al gobierno militar optando por el regreso a una  democracia pactada.

Más recientemente, en 2003, durante el primer periodo del presidente Álvaro Uribe, los colombianos votaron un referendo con 16 preguntas que requerían un umbral del 25% cada una para su aprobación. Solamente una lo superó (25,1%).

La votación del domingo es diferente en cuanto no hay candidatos a elegir. Pocos de los más de 115,000 candidatos que se presentaron a los últimos comicios regionales movilizarán efectivamente a sus electores. Faltarán muchos de los incentivos y del ambiente que eleva la participación en las regiones: transporte gratis, almuerzo, banda musical. Otro ausente importante será la “mermelada”; el colombianismo con el que se conoce la movilización del voto clientelar.

El voto será libre. Se decidirá participar, y votar Sí o No, sin aparente compensación tangible, o inmediata.

El promedio de cuatro encuestas realizadas por Datexco en Septiembre arroja un 59,2% de participación. La encuesta de Ipsos (26 de septiembre) sugiere que definitivamente votará el 40%, y probablemente lo hará un 16% más. El sondeo de Gallup (20 septiembre) indica que el 32% definitivamente votará, y que probablemente lo hará otro 17,5%. Otra más hecha por Connecta (8 agosto) reporta el 52% de participación.

Aunque sorprenda al resto de terrícolas la victoria del Sí no será arrasadora. Si bien las encuestas dan al Sí por vencedor el margen se ha estrechado. Mientras la firma Gallup registraba los votantes por el No en julio en el 10%, para septiembre los ubica en el 32,4%. El sondeo más reciente de Datexco (26 septiembre) arroja 55% por el Sí y 36,6% por el No. Finalmente, para Ipsos, desde la primera semana de septiembre a la última, el Sí bajo del 72% al 66%, y el No subió del 28% al 34%.

En resumen, el umbral del 13% en la participación ciudadana para la aprobación del plebiscito será ampliamente superado. El Sí a la paz vencerá al No, aunque no con la holgura que se preveía hace pocos meses.

Elecciones Locales: El Fin de una Era

Treinta y tres millones de colombianos tendrán opción de votar en las elecciones locales el próximo 25 de octubre. Con más de 114,000 candidatos aspirando liderar municipios y departamentos desde gobernaciones, alcaldías municipales, asambleas departamentales, concejos, y juntas de acción local, estas elecciones batirán los records de participación de candidatos inscritos. Los comicios, sin embargo, revisten de mayor interés por otras razones. Primero, porque la reconfiguración de poderes políticos locales influirá las posiciones de los colombianos frente a los acuerdos de paz que se logren con la guerrilla de FARC en La Habana, acuerdos que deberán ser refrendados mediante un mecanismo representativo/participativo – aun por establecer. Y segundo, debido a la alta probabilidad de que las votaciones marquen un nuevo ciclo electoral.

Tres fenómenos en desarrollo prometen alterar el orden político vigente: el debilitamiento de la izquierda, el encumbramiento del partido Cambio Radical, y el debut del uribismo a nivel local.

La izquierda recibirá un revés enorme de perder la alcaldía de Bogotá tras 12 años de gobierno consecutivo. Dos tipos de evidencia le auguran unos comicios complicados. Primero, una tendencia decreciente del respaldo capitalino después de la contundente victoria de 2003, cuando el principal partido de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, obtuvo el 46.3% de los votos. En 2007, el Polo volvió a ganar, si bien con una votación menor, 43.7%, mientras que en 2011, el movimiento Progresistas del actual burgomaestre, Gustavo Petro, retuvo el despacho con apenas el 32.2% de los sufragios. Según encuestas recientes la destorcida continúa, al punto que esta vez habrá relevo en el Palacio de Liévano. La candidata del Polo para la alcaldía de Bogotá, Clara López, no figura como favorita en la intención de voto de ninguna de las encuestas realizadas durante las últimas 10 semanas – ni tampoco como segunda. Además, la alianza de López con el alcalde Petro no sumará votos de opinión. Petro tiene un 57% de imagen desfavorable entre los bogotanos (Ipsos 01/08/2015), y el 64% de éstos desaprueban su gestión (Gallup 01/07/2015). Como si fuera poco, el 80% de aquellos que afirman haber votado por él en las pasadas elecciones sostiene que su desempeño estuvo por debajo de las expectativas (Ipsos 01/08/2015). En breve, Petro es un aliado radioactivo.

1

 

Otro fenómeno importante es el debut del Centro Democrático en elecciones locales. El partido del ex-mandatario, Álvaro Uribe Vélez, presidente, fundador y orientador de esta colectividad se estrena en una coyuntura política que le es singularmente adversa. Por un lado, el apretón de manos estrechado entre el presidente Santos y el líder de las FARC el pasado mes de septiembre en Cuba, sumado al anuncio histórico de firmar la paz en menos de seis meses, ha generado un momentum muy oportuno a favor de la apuesta del gobierno por la paz. Según datos recolectados por el CNC (07/10/2015) tras estos eventos, el 57% de los colombianos cree que el país va por buen camino, y el 59% tiene una imagen favorable del presidente Santos (las cifras en julio eran 32% y 41%; respectivamente). Además, el 65% se siente optimista frente a los diálogos de paz, el 73% dice aprobar la decisión del presidente de abrir dichos diálogos con la guerrilla, y el 79% sostiene que personalmente aprobaría los acuerdos de paz si de él/ella dependiera. Este creciente respaldo de la opinión al proceso reduce el espacio y la eficacia electoral del Centro Democrático, principal opositor del gobierno – y de las negociaciones. Aún más preocupante para el uribismo es que el optimismo de parte importante de la opinión respecto al fin del conflicto armado hace del eje de su estrategia electoral – el discurso beligerante, anti-subversivo – un medio obsoleto como mecanismo de movilización de los votantes hacia sus propuestas y candidatos. En resumen, la paz hoy es costosa para el Centro Democrático, electoralmente hablando.

Como si esto no bastara, el Centro Democrático en su condición de partido nuevo, opositor y minoritario, se ha visto prácticamente privado de “mermelada” para vigorizar sus campañas – “mermelada” es el colombianismo con que popularmente se denomina la práctica de movilizar el voto clientelar. Si el uribismo a punta de carisma es capaz de replicar los resultados alcanzados en las elecciones parlamentarias de 2014, (fue el segundo partido más votado para el senado, logrando casi un 20% de representación) su relevancia y continuidad estarán sólidamente resguardadas. Las encuestas, sin embargo, no vaticinan esto. De las 20 principales ciudades del país, el Centro Democrático lidera ampliamente las intenciones de voto solo en dos: Medellín y Manizales. La primera representa la base electoral de Uribe Vélez, y la segunda es la capital departamental de donde es oriundo, y ha hecho gran parte de su carrera política, el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, actual director del partido.

Si los horizontes para la izquierda y el uribismo son oscuros, para quien luce prometedor el panorama es para Cambio Radical – partido del actual vice-presidente, Germán Vargas Lleras. Esta colectividad, de hecho, se perfila como la vencedora de los comicios. De las 10 ciudades más importantes hoy Cambio Radical gobierna en una, pero según sondeos del CNC, con candidatos propios y por medio de alianzas locales es probable que gane en al menos tres (Bogotá, Barranquilla, Cúcuta), y dispute reñidamente otras cinco (Cali, Ibagué, Soledad, Armenia y Tunja). De ratificarse estas tendencias en las preferencias ciudadanas el próximo 25 de octubre, Cambio Radical dejará de verse como el socio minoritario del actual gobierno de coalición que lidera La Unión Social Nacional de Santos, y se convertirá en el partido favorito para gobernar el próximo cuatrienio en derecho propio. Vargas Lleras, quien vox populi, es firme candidato a la presidencia en 2018, fue denunciado recientemente ante el Concejo Nacional Electoral desde la coalición misma por hacer proselitismo.

En resumen, las elecciones locales recalibrarán las fuerzas políticas colombianas. El debilitamiento de la izquierda, aunado a la adversa coyuntura que los avances en el proceso de paz encarnan para el uribismo, apuntan a que en estos comicios los extremos del espectro político obtendrán votaciones modestas. El centro, por el contrario, flexible, amorfo, y poco ideológico crecerá. En este espacio, la aproximación de Cambio Radical como relevo inminente del Partido de La U agitará el banderazo que selle el inicio del nuevo ciclo.

2

Una elección con fallo fotográfico

Las alianzas y guiños hacia quienes están fuera de competencia han emparejado la contienda presidencial en Colombia, una elección reñida a juzgar por los sondeos electorales.

Encuestas publicadas el pasado fin de semana ratifican que la elección presidencial está abierta. El último sondeo realizado por Ipsos da como ganador a Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, con un 49% de las intenciones de voto, frente a 41% en favor de Juan Manuel Santos, candidato del partido de La U. Por el contrario, los números publicados por Cifras y Conceptos muestran a Santos adelante de Zuluaga con un 43% vs. 39%. Datexco replica la misma tendencia, con un 42% para Santos y 38% para Zuluaga. Finalmente, con márgenes de error de 2,2% para el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de 3% para Gallup, las encuestadoras entregan un empate técnico entre ambos candidatos.

Una visión de conjunto de estos guarismos sugiere una tendencia en la que el presidente Santos habría recortado la distancia de más de 4 puntos porcentuales que Zuluaga le sacó en la votación real de la primera vuelta. Las causas de este reposicionamiento estarían relacionadas precisamente con las alianzas y guiños que partidos y candidatos hicieron recientemente. Según Gallup, a nivel nacional 4 de cada 5 de las personas que en primera vuelta votaron por Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) dicen que sufragarán por Zuluaga en segunda vuelta, candidato al que Ramírez adhirió oficialmente. En tanto, 3 de cada 4 de los votantes que eligieron la candidatura de Clara López (Polo Democrático) harán lo propio por Santos el próximo domingo y aún más importante, así también ocurriría con 2 de cada 3 de los ciudadanos que votaron por Enrique Peñalosa (Partido Verde).

A las matemáticas de las alianzas electorales hay que sumarle la influencia de los medios de comunicación y de los líderes de opinión, quienes en el agregado se han decantado por la opción reeleccionista. Según el portal La Silla Vacía, los dos diarios de circulación nacional, El Tiempo y El Espectador; el semanario más importante de Colombia, Revista Semana; y las cadenas de noticias privadas dominantes en el mercado televisivo colombiano, Caracol y RCN, abierta o discretamente decidieron respaldar a Santos.

El factor más crítico el próximo domingo será la movilización del “voto estratégico”, es decir de aquellos no santistas que renuentemente intentarán reelegir al presidente con el fin de evitar que sea el candidato uribista quien gane. Dados los pesos y diferencias regionales, este voto será decisivo en la capital del país, Bogotá, donde la participación en comicios presidenciales suele ser más alta que el promedio nacional y donde cerca de 1,3 millones de votantes tendrán que repensar por quién sufragar entre opciones que en primera vuelta no representaban sus preferencias.

La incógnita sobre quién controlará la Casa de Nariño por los próximos cuatro años está a punto de terminar, y todo indica que será con fallo fotográfico. ¿Continuidad o el cambio? Los colombianos tienen la decisión en sus manos.

Tiempo de alianzas

Los escándalos que marcaron los cierres de las campañas de Santos y Zuluaga en primera vuelta parecen haberse enterrado y hoy los candidatos se enfocan en tejer alianzas, a poco más de una semana de la elección presidencial.

Desde el terreno predictivo, según la encuesta divulgada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) el pasado martes la intención de voto por el candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga es de un 47%, frente a un 45% registrado por el presidente-candidato, Juan Manuel Santos. En tanto, el voto en blanco captura el 6% de las preferencias, un descenso notable comparado con el 15% marcado en el sondeo publicado por Cifras y Conceptos el 29 de mayo.

Los votos que en primera vuelta se decantaron por candidatos diferentes de Santos y Zuluaga suman casi 5 millones; es decir, el 40% de los sufragios válidos. Por tal motivo, los equipos de campaña de los aspirantes al sillón presidencial cesaron el intercambio de acusaciones relacionadas con financiamiento e interceptaciones ilegales y se dedicaron a buscar el respaldo de los que no llegaron al balotaje.

Si bien en el sistema presidencialista colombiano, donde el voto por la persona prima sobre el voto por el partido, las preferencias no son íntegramente endosables, las coaliciones partidistas que se pacten y los guiños personales que se hagan definirán el próximo presidente de la república.

De manera oficial, la aspirante por el Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, adhirió a la campaña de Zuluaga con el respaldo del directorio nacional y sobre las bases de un acuerdo programático. Sin embargo, en la práctica ese conglomerado había llegado dividido a la primera vuelta, pues un sector importante de congresistas –entre ellos sus mayores electores– estaba alineados con Santos. El “ala santista” del conservadurismo reconfirmó su apoyo a la reelección del mandatario la semana pasada.

En la alianza de la izquierda, Aída Abello, líder de la Unión Patriótica, pidió a sus seguidores respaldar a Santos para darle continuidad al proceso de paz que el gobierno adelanta con la guerrilla de las FARC en Cuba. Entre tanto, las directivas del Polo Democrático acordaron dejar en libertad a sus electores para escoger entre Santos y Zuluaga. A título personal, la candidata Clara López anunció abiertamente su apoyo al presidente y está haciendo campaña a su lado en la capital del país, fortín electoral de la izquierda política. Un grupo de congresistas del Polo Democrático pidió a sus seguidores votar en blanco.

Por otra parte, Enrique Peñalosa y su colectividad (Partido Verde), también se abstuvieron de pedir a sus votantes inclinarse por uno u otro candidato para el balotaje, aunque Peñalosa aclaró que no votará en blanco. Vale la pena destacar que un sector del partido Verde representado por el precandidato presidencial John Sudarsky expresó su respaldo a Santos.

Tras estas alianzas las fuerzas están repartidas. El reciente respaldo de varios expresidentes a las campañas está haciendo notar a la opinión que estaba adormecida la importancia de lo que está en juego. Las encuestadoras tienen dos días para divulgar sus últimas mediciones antes de que la veda entre en rigor.

Santos, pobreza y voto en blanco

Con Stefan Bauchowitz

Se dice del voto en blanco que es un voto de opinión. Ejercido por aquellos inconformes con los candidatos y/o con el sistema político. También es la decisión tomada por aquellos que de alguna forma están en una posición capaz de evitar que su preferencia sea manipulada o comprada. Es decir, es un voto libre, independiente e incorruptible. Es razonable suponer entonces que aquellos electores mejor educados y más pudientes — que tienden a vivir en las grandes ciudades y en las regiones con ingresos más altos — sean los que más sufragan en blanco.

Con base en datos de la votación para el senado del pasado marzo y un índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) a nivel departamental y municipal (como variable que sirve de “proxy” para medir la pobreza), a continuación se explora la relación entre el voto en blanco y la maquinaria política del estado expresada en la votación real alcanzada por el santismo. Se presume que la repartición de recursos, inversiones, favores políticos y demás “incentivos electorales” a las poblaciones mas vulnerables es una capacidad, si no exclusiva del gobierno, sí una que éste está en mejor lugar de apuntalar. Así, donde la maquinaria política del gobierno tiene más incidencia, en municipios relativamente pobres/vulnerables, el santismo tendría mayor respaldo y el voto de opinión menor.

Las siguientes gráficas muestran la existencia de una correlación positiva entre las dos variables: a mayor nivel de las NBI, mayor es la votación por el santismo (considerando la suma de los votos obtenidos por el Partido de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal, sobre el total de votos válidos).

6

9

7

8

Así, se pueden agrupar dos tipos de departamentos en los que la relación propuesta parece existir. Regiones con altas incidencias de pobreza como Chocó, La Guajira, Córdoba, Bolívar y Magdalena, tienden a registrar bajísimos niveles de voto en blanco y relativamente altos niveles de respaldo por la coalición de Santos — más del 55%. Entre tanto, otras regiones como Bogotá, Risaralda, Boyacá, Antioquia y Santander, que están por encima de la media del ingreso nacional por habitante y reportan bajos niveles relativos de NBI, exhiben los porcentajes más altas de voto en blanco en tándem con un apoyo inferior al 35% por el santismo.

Diferencias estructurales entre regiones, como la económica, por supuesto no explican del todo la relación planteada. La política cuenta. No es ninguna casualidad que varios municipios de Boyacá y Cundinamarca donde el voto en blanco batió todos los records estuvieran en el corazón del paro agrario el pasado septiembre. En Villapinzón, Ubaté, Turmequé, Ubita, Toca y Sutatausa entre otros, el blanco osciló entre el 15% y 30% de los sufragios válidos. En la ciudad de Tunja, capital departamental de Boyacá, la mayor votación tanto para senado como para cámara la obtuvo el blanco, con 17% y 16%, respectivamente. En la capital del tejo el blanco venció a todos los partidos.

La tan cacareada capital del voto de opinión, hoy en día no es Bogotá — es Tunja.

En síntesis, y sujeto a múltiples calificaciones, entre el voto en blanco y el santismo tiende a haber una relación inversa, es decir, a mayor voto de opinión menor apoyo por la coalición del presidente. A su vez, entre mayor la vulnerabilidad/pobreza de la población, menor el porcentaje de votos en blanco y mayor el sufragio santista.

¿Cuántos colombianos votarán?

Con Stefan Bauchowitz

En las últimas cuatro elecciones presidenciales han participado en promedio el 48,1% de los potenciales votantes. En 1998 se registró la participación más alta, 51,6%; y en 2006 la más baja, 45%, año en que por primera vez los colombianos tuvieron la opción de reelegir al presidente. El diferencial entre las votaciones en elecciones presidenciales y legislativas para el periodo 1998-2010 es 4,9% — siendo siempre mayor el entusiasmo ciudadano por las presidenciales.

En los comicios parlamentarios del pasado 9 de marzo fueron a las urnas el 43,6% de aquellos habilitados para hacerlo. Si bien es prematuro afirmar que cuando hay reelección la votación es más baja que cuando no la hay, el perfil de la próxima elección — relativa apatía, escasez de debate, y consistentes indicios de inconformismo con el ramillete de candidatos en oferta evidenciado en los altos niveles de intención de voto registrados por el voto en blanco — permite aventurar que el 25 de mayo los colombianos no abarrotarán las mesas de votación. Aplicando el promedio diferencial entre los dos tipos de elecciones se puede conjeturar una participación del 48%, es decir, unos 15,7 millones de sufragantes.

5

¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz.

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

3

Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

4

Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.

 

¿Cómo votan en regiones?

Con Stefan Bauchowitz

Es evidente que hay importantes diferencias electorales al interior de Colombia. Históricamente, el altiplano y la zona cafetera han tendido a votar más por el Partido Conservador, mientras que la costa atlántica lo ha hecho por la Partido Liberal. Desde hace años Bogotá exhibe poca fidelidad con los partidos tradicionales, decantándose por los así llamados candidatos independientes, como Mockus o Peñalosa. Sus últimos tres alcaldes han sido de izquierda, pese a tener records de gestión muy disímiles.

Tal vez los contrastes más notables son los que se presentan entre el altiplano (Boyacá y Cundinamarca), el distrito capital (Bogotá), y la zona caribe (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Sucre y La Guajira), donde se contabilizan 2,5, 5 y 6,8 millones de sufragantes potenciales, respectivamente. Estos 14 millones de votantes equivalen al 43% del censo electoral.

Las diferencias son notorias entre las poblaciones de la costa y las del altiplano – especialmente en centros urbanos de entre 70,000 y 200,000 habitantes. Tomando 9 ciudades costeras (Tierralta, Sahagún, Lorica, Maicao, Cereté, Malambo, Magangue, Ciénaga y El Cármen de Bolívar) y 8 del altiplano (Tunja, Duitama, Sogamoso, Chía, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá y Chiquinquirá), con un total poblacional de 2 millones de habitantes de los cuales 540,000 votaron en las elecciones legislativas del pasado marzo, destacan los siguientes patrones:

  1. Un abstencionismo más pronunciado en el altiplano que en la costa (53% contra 47%).
  2. Un dominio electoral del santismo, entendido como la suma de los votos por el Partido de La U y por Cambio Radical, que alcanza la mayoría absoluta, 53,3% en la costa; frente al modesto desempeño del uribismo en esta región, donde el Centro Democrático apenas alcanza el 6,2% de la votación. Si el país votara en los comicios presidenciales como lo hizo la costa en las elecciones legislativas, Santos podría ser reelegido en primera vuelta.
  3. Una estrecha ventaja que tiene el Centro Democrático en el altiplano, con el 20% de los votos, sobre el santismo, que recoge el 18,3%.
  4. El voto en blanco en el altiplano es el más alto registrado en el país, 15.3%; comparado con el bajísimo nivel marcado en la costa, 1.6%.

2

En síntesis, si las elecciones legislativas ofrecen una aproximación a las votaciones presidenciales de mayo, es de esperar una amplia victoria del presidente Santos en virtud de tres razones. Primero, que en la costa los potenciales sufragantes saldrán a votar más que en el altiplano, y que lo harán mayoritariamente por Santos. Segundo, que el margen que abre la costa entre Zuluaga y el presidente no se recorta de manera sustancial con la victoria del primero en Boyacá y Cundinamarca. Tercero, que el desafecto de los cundiboyacenses por el actual gobierno, al traducirse en buena parte en votos en blanco, mantiene la distancia de Santos sobre Zuluaga.

 

¿Qué tan importante es el voto rural?

Con Stefan Bauchowitz

El voto rural es más importante de lo que parece. Primero, porque las pequeñas urbes (aquellas con menos de 20,000 habitantes) participan más en las elecciones que las grandes ciudades (aquellas con más de 900,000 habitantes).

En las últimas elecciones legislativas, las pequeñas urbes registraron una participación del 49%, mientras que las grandes ciudades registraron una participación de 39%. Si bien en las pequeñas urbes solo votaron 2,7 millones de personas, comparado con los 3,6 millones de personas que lo hicieron en las grandes ciudades, también es el caso que localidades con menos de 50,000 habitantes — donde la población sufragante efectiva supera los 5 millones — exhiben una participación electoral significativamente más alta, alcanzando un 48% en los comicios de marzo, por ejemplo.

El voto rural también es importante porque Santos sigue fuerte en aquellos municipios con menos de 20,000 habitantes — según la intención de voto recogida por la encuesta de Gallup. Cuatro de cada diez votantes en este segmento del electorado dice que marcará a Santos en el tarjetón. El apoyo por el presidente desciende gradualmente a medida que los municipios aumentan de población: al 37% en localidades con menos de 100,000 personas, a 33% en aquellas con menos de 900,000, y a cerca de 25% en las grandes ciudades. La intención de voto por el candidato del partido Verde, Enrique Peñalosa, muestra la tendencia inversa: a subir a medida que las poblaciones crecen en tamaño, si bien desde una base mucho más baja, cercana al 6% en los municipios más pequeños, hasta el 18% en las cinco ciudades capitales. Lo que sucede hoy con la intención de voto por Santos y Peñalosa según la población municipal se refleja también con las votaciones reales registradas en la elección de 2010 entre Santos y el también candidato del Partido Verde, Antanas Mockus.

1

La carrera por la presidencia está abierta

A nueve días de los comicios en Colombia, dos sondeos de opinión pública mostraron cifras que dejan absolutamente abierta la competencia por el control de la Casa de Nariño y que hasta hace algunas semanas era liderada con tranquilidad por Juan Manuel Santos.

Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático) lidera la intención de voto con el 24%, mientras que el presidente Santos (Partido de La U) aparece en segundo lugar con el 22%. En tanto, la encuesta de la firma Infométrika indica que Santos alcanza el 31,3% de intención de voto manteniendo una ligera ventaja sobre Zuluaga, quien registra el 29,6%. Los márgenes de error en el muestreo son de 2,5% para CNC y de 5,1% para Infométrika.

La primera conclusión tras el análisis de dichas encuestas es que Colombia, a poco más de una semana de la elección, no tiene un ganador claro. Segundo, lo que sí corroborarían las cifras es que los pases para la segunda vuelta ya están definidos, pues Enrique Peñalosa, candidato del Partido Verde, ha sido relegado en las intenciones de voto a un distante tercer lugar, recogiendo solo entre el 10% y 13% de las intenciones de voto.

El factor inmediato a considerar y que explica la variación numérica de las encuestas son dos escándalos que estallaron a comienzos de la semana pasada en torno a las candidaturas de Santos y Zuluaga (ver Escándalos con efecto político) y la serie de acusaciones que han volado de una campaña a otra desde entonces.

Buena parte del alza en la intención de voto por Zuluaga antecede el escándalo, ya que una encuesta publicada por el CNC el 5 de mayo ya daba a Zuluaga 22% de la intención de voto (ver encuesta). En el caso del sondeo de Infométrika, la fecha de recolección de datos — 3 al 6 de mayo — no alcanzaría a considerar las reacciones de los electores frente a los escándalos, pues los acontecimientos más importantes ocurrieron en los días siguientes.

Solamente la encuesta del pasado lunes del CNC refleja las preferencias de voto tras las revelaciones que enlodan a estos dos candidatos y a sus campañas, siendo prematuro emitir juicios certeros sobre su impacto. Por tanto, la sorpresa no es el auge de Zuluaga sino la baja de Santos, quien en la serie de sondeos de CNC ha visto caer sus preferencias del 26% al 22% entre las encuestas publicadas el 29 de abril y el pasado lunes.

Lo que queda sin explicar — de mantenerse esta tendencia — es por qué los escándalos afectaron la campaña de Santos pero no la de Zuluaga.

El tiempo para revertir el efecto negativo sobre la intención de voto a favor del candidato oficialista se agota y al parecer, el resultado en las urnas será el mejor test para cuantificar el verdadero impacto sobre la continuidad de Juan Manuel Santos en el poder.