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Una elección con fallo fotográfico

Las alianzas y guiños hacia quienes están fuera de competencia han emparejado la contienda presidencial en Colombia, una elección reñida a juzgar por los sondeos electorales.

Encuestas publicadas el pasado fin de semana ratifican que la elección presidencial está abierta. El último sondeo realizado por Ipsos da como ganador a Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, con un 49% de las intenciones de voto, frente a 41% en favor de Juan Manuel Santos, candidato del partido de La U. Por el contrario, los números publicados por Cifras y Conceptos muestran a Santos adelante de Zuluaga con un 43% vs. 39%. Datexco replica la misma tendencia, con un 42% para Santos y 38% para Zuluaga. Finalmente, con márgenes de error de 2,2% para el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de 3% para Gallup, las encuestadoras entregan un empate técnico entre ambos candidatos.

Una visión de conjunto de estos guarismos sugiere una tendencia en la que el presidente Santos habría recortado la distancia de más de 4 puntos porcentuales que Zuluaga le sacó en la votación real de la primera vuelta. Las causas de este reposicionamiento estarían relacionadas precisamente con las alianzas y guiños que partidos y candidatos hicieron recientemente. Según Gallup, a nivel nacional 4 de cada 5 de las personas que en primera vuelta votaron por Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) dicen que sufragarán por Zuluaga en segunda vuelta, candidato al que Ramírez adhirió oficialmente. En tanto, 3 de cada 4 de los votantes que eligieron la candidatura de Clara López (Polo Democrático) harán lo propio por Santos el próximo domingo y aún más importante, así también ocurriría con 2 de cada 3 de los ciudadanos que votaron por Enrique Peñalosa (Partido Verde).

A las matemáticas de las alianzas electorales hay que sumarle la influencia de los medios de comunicación y de los líderes de opinión, quienes en el agregado se han decantado por la opción reeleccionista. Según el portal La Silla Vacía, los dos diarios de circulación nacional, El Tiempo y El Espectador; el semanario más importante de Colombia, Revista Semana; y las cadenas de noticias privadas dominantes en el mercado televisivo colombiano, Caracol y RCN, abierta o discretamente decidieron respaldar a Santos.

El factor más crítico el próximo domingo será la movilización del “voto estratégico”, es decir de aquellos no santistas que renuentemente intentarán reelegir al presidente con el fin de evitar que sea el candidato uribista quien gane. Dados los pesos y diferencias regionales, este voto será decisivo en la capital del país, Bogotá, donde la participación en comicios presidenciales suele ser más alta que el promedio nacional y donde cerca de 1,3 millones de votantes tendrán que repensar por quién sufragar entre opciones que en primera vuelta no representaban sus preferencias.

La incógnita sobre quién controlará la Casa de Nariño por los próximos cuatro años está a punto de terminar, y todo indica que será con fallo fotográfico. ¿Continuidad o el cambio? Los colombianos tienen la decisión en sus manos.

Tiempo de alianzas

Los escándalos que marcaron los cierres de las campañas de Santos y Zuluaga en primera vuelta parecen haberse enterrado y hoy los candidatos se enfocan en tejer alianzas, a poco más de una semana de la elección presidencial.

Desde el terreno predictivo, según la encuesta divulgada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) el pasado martes la intención de voto por el candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga es de un 47%, frente a un 45% registrado por el presidente-candidato, Juan Manuel Santos. En tanto, el voto en blanco captura el 6% de las preferencias, un descenso notable comparado con el 15% marcado en el sondeo publicado por Cifras y Conceptos el 29 de mayo.

Los votos que en primera vuelta se decantaron por candidatos diferentes de Santos y Zuluaga suman casi 5 millones; es decir, el 40% de los sufragios válidos. Por tal motivo, los equipos de campaña de los aspirantes al sillón presidencial cesaron el intercambio de acusaciones relacionadas con financiamiento e interceptaciones ilegales y se dedicaron a buscar el respaldo de los que no llegaron al balotaje.

Si bien en el sistema presidencialista colombiano, donde el voto por la persona prima sobre el voto por el partido, las preferencias no son íntegramente endosables, las coaliciones partidistas que se pacten y los guiños personales que se hagan definirán el próximo presidente de la república.

De manera oficial, la aspirante por el Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, adhirió a la campaña de Zuluaga con el respaldo del directorio nacional y sobre las bases de un acuerdo programático. Sin embargo, en la práctica ese conglomerado había llegado dividido a la primera vuelta, pues un sector importante de congresistas –entre ellos sus mayores electores– estaba alineados con Santos. El “ala santista” del conservadurismo reconfirmó su apoyo a la reelección del mandatario la semana pasada.

En la alianza de la izquierda, Aída Abello, líder de la Unión Patriótica, pidió a sus seguidores respaldar a Santos para darle continuidad al proceso de paz que el gobierno adelanta con la guerrilla de las FARC en Cuba. Entre tanto, las directivas del Polo Democrático acordaron dejar en libertad a sus electores para escoger entre Santos y Zuluaga. A título personal, la candidata Clara López anunció abiertamente su apoyo al presidente y está haciendo campaña a su lado en la capital del país, fortín electoral de la izquierda política. Un grupo de congresistas del Polo Democrático pidió a sus seguidores votar en blanco.

Por otra parte, Enrique Peñalosa y su colectividad (Partido Verde), también se abstuvieron de pedir a sus votantes inclinarse por uno u otro candidato para el balotaje, aunque Peñalosa aclaró que no votará en blanco. Vale la pena destacar que un sector del partido Verde representado por el precandidato presidencial John Sudarsky expresó su respaldo a Santos.

Tras estas alianzas las fuerzas están repartidas. El reciente respaldo de varios expresidentes a las campañas está haciendo notar a la opinión que estaba adormecida la importancia de lo que está en juego. Las encuestadoras tienen dos días para divulgar sus últimas mediciones antes de que la veda entre en rigor.

Los escenarios de cara a la elección presidencial

La — hasta hace algunas semanas — probable definición del próximo mandatario colombiano en segunda vuelta está hoy en suspenso tras las revelaciones de prensa que establecen vínculos entre un hacker y la candidatura de Óscar Iván Zuluaga encendiendo el ambiente electoral días previos a los comicios.

Si bien no sabremos el nivel del impacto “escándalo del hacker” en los electores hasta el conteo final el próximo domingo, los elementos de análisis disponibles hoy permiten proyectar a lo menos tres escenarios: (1) el impacto del escándalo del hacker es moderado y el presidente de Colombia se definirá en segunda vuelta entre Santos y Zuluaga; (2) segunda vuelta electoral entre Santos y Zuluaga, pero este último con una caída sustancial de votos producto del escándalo del hacker; (3) el impacto del escándalo provoca la elección de Santos en primera vuelta.

¿Cómo llegan los candidatos a la elección? Los números muestran que durante la campaña, en marzo Juan Manuel Santos consiguió un 40,7% de las preferencias, 20 puntos porcentuales más que su inmediato perseguidor (ver Pronóstico Electoral #1). Sin embargo, con el correr de las semanas el candidato oficialista comenzó a perder terreno viendo caer la intención de voto. La primera semana de abril Santos registró un 30,9% (ver Pronóstico Electoral #6).

En paralelo, Enrique Peñalosa (Partido Verde) y Zuluaga se disputaban el segundo puesto. En marzo, Peñalosa logró posicionarse con un 19% de las preferencias, casi 5 puntos porcentuales por sobre Zuluaga (19,9%). Sin embargo, en mayo, los números mostraron un drástico cambio en la tendencia: Zuluaga apareció con un 17,8% de las preferencias y Peñaloza con un 16,7%, diferencia que siguió ampliándose en las semanas posteriores y consolidó definitivamente a Zuluaga como el segundo candidato con mayor intención de voto (Pronóstico Electoral #8).

El primer escenario ratificaría el más reciente pronóstico de Tresquintos (Pronóstico Electoral #9), que muestra una brecha de 4,4 puntos porcentuales entre Santos (29,8%) y Zuluaga (25,4%). Si bien hay una clara tendencia en favor de dichas candidaturas, la carrera presidencial estaría completamente abierta.

Hay al menos dos motivos para argumentar el efecto del video del hacker, si bien tendrá un  impacto negativo, no será devastador. Primero, una parte considerable de la opinión pública no está actualizada sobre el tema. Según la última encuesta de Cifras y Conceptos (realizada al menos entre tres y seis días después de conocidos los primeros hechos), el 47% de los encuestados declaró no conocer o no saber algo sobre el hacker del proceso de paz y el 58% respondió lo mismo frente a la supuesta intermediación en la negociación con narcotraficantes que se le achacó a la campaña de Santos. Segundo, prácticamente uno de cada tres encuestados no sabe o no responde a la pregunta de si Santos o Zuluaga tienen responsabilidad por los hechos que atañen a sus campañas, mientras que otro de cada tres entrevistados sostiene que ninguno de los candidatos tiene responsabilidad alguna.

Está claro que Zuluaga y Santos podrían perder votos fruto de los respectivos escándalos, sin embargo no se traducirán en el fin de la carrera presidencial para ninguno de los aspirantes. En el caso de Zuluaga no le impedirían pasar al balotaje en junio y la pérdida de hasta 10 puntos porcentuales se podrían distribuir equitativamente entre Ramírez, Peñalosa y votos en blanco, pero no irán a la candidatura de Santos que es visto por el uribismo como un traidor, tampoco para López que se ubica en la antípoda ideológica.

En un segundo escenario, Santos y Zuluaga nuevamente serían los candidatos que competirían en una nueva elección. Sin embargo, y sólo tomando en consideración los antecedentes al día de hoy, el escándalo del hacker impactaría fuertemente la intención de voto hacia Zuluaga dejando el camino pavimentado para la reelección de Santos.

Tras la difusión del video que probaría interceptaciones ilegales en las negociaciones de paz en Cuba, las reacciones del entorno de Zuluaga han sido contradictorias, primero negando su conocimiento, después aceptando verdades a medias y ahora calificando el video como el resultado de un montaje que presenta al candidato como víctima. Pareciera ser que las incongruencias que se puedan dar entre el audio y las imágenes del video — que serían resultado del proceso de edición — serán parte clave de la munición con la que Zuluaga defenderá su inocencia, al menos en el corto plazo. Si bien esto no lo exonera, sí siembra dudas y éstas le permitirían permanecer en carrera hasta el próximo domingo.

Sin embargo, el punto clave es el tema de seguridad democrática. Cualquier hecho que desestabilice los esfuerzos por terminar con el conflicto será fuertemente castigado por los colombianos. Bajo esa premisa, Santos se posiciona nuevamente como un líder capaz de llevar con éxito el proceso de negociación, elemento que podría inclinar la balanza a su favor en segunda vuelta en desmedro de Zuluaga, quien se ha mostrado crítico al proceso encabezado por el mandatario en ejercicio.

Un tercer escenario, más extremo y menos probable, es la victoria de Santos en primera vuelta. A los argumentos anteriores se suma el hecho de que el candidato oficialista ha capitalizado más que suficiente el escándalo hacker, pues logró redirigir la atención y escrutinio de los medios y los formadores de opinión hacia las acciones de Zuluaga y tapar el boquete que en algún momento se abrió respecto de su papel y el de sus asesores y aliados políticos sobre la negociación con narcotraficantes y sobre la supuesta financiación de su primera campaña presidencial con dineros ilícitos, según las acusaciones hechas por el expresidente Uribe.

Cabe recalcar una vez más que los antecedentes al día de hoy nos permiten proyectar los dos primeros escenarios. Una vez consumada la segunda vuelta nuevos elementos entrarán al análisis de una carrera presidencial que partió predecible y hoy deja más dudas que certezas.

Santos, pobreza y voto en blanco

Con Stefan Bauchowitz

Se dice del voto en blanco que es un voto de opinión. Ejercido por aquellos inconformes con los candidatos y/o con el sistema político. También es la decisión tomada por aquellos que de alguna forma están en una posición capaz de evitar que su preferencia sea manipulada o comprada. Es decir, es un voto libre, independiente e incorruptible. Es razonable suponer entonces que aquellos electores mejor educados y más pudientes — que tienden a vivir en las grandes ciudades y en las regiones con ingresos más altos — sean los que más sufragan en blanco.

Con base en datos de la votación para el senado del pasado marzo y un índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) a nivel departamental y municipal (como variable que sirve de “proxy” para medir la pobreza), a continuación se explora la relación entre el voto en blanco y la maquinaria política del estado expresada en la votación real alcanzada por el santismo. Se presume que la repartición de recursos, inversiones, favores políticos y demás “incentivos electorales” a las poblaciones mas vulnerables es una capacidad, si no exclusiva del gobierno, sí una que éste está en mejor lugar de apuntalar. Así, donde la maquinaria política del gobierno tiene más incidencia, en municipios relativamente pobres/vulnerables, el santismo tendría mayor respaldo y el voto de opinión menor.

Las siguientes gráficas muestran la existencia de una correlación positiva entre las dos variables: a mayor nivel de las NBI, mayor es la votación por el santismo (considerando la suma de los votos obtenidos por el Partido de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal, sobre el total de votos válidos).

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Así, se pueden agrupar dos tipos de departamentos en los que la relación propuesta parece existir. Regiones con altas incidencias de pobreza como Chocó, La Guajira, Córdoba, Bolívar y Magdalena, tienden a registrar bajísimos niveles de voto en blanco y relativamente altos niveles de respaldo por la coalición de Santos — más del 55%. Entre tanto, otras regiones como Bogotá, Risaralda, Boyacá, Antioquia y Santander, que están por encima de la media del ingreso nacional por habitante y reportan bajos niveles relativos de NBI, exhiben los porcentajes más altas de voto en blanco en tándem con un apoyo inferior al 35% por el santismo.

Diferencias estructurales entre regiones, como la económica, por supuesto no explican del todo la relación planteada. La política cuenta. No es ninguna casualidad que varios municipios de Boyacá y Cundinamarca donde el voto en blanco batió todos los records estuvieran en el corazón del paro agrario el pasado septiembre. En Villapinzón, Ubaté, Turmequé, Ubita, Toca y Sutatausa entre otros, el blanco osciló entre el 15% y 30% de los sufragios válidos. En la ciudad de Tunja, capital departamental de Boyacá, la mayor votación tanto para senado como para cámara la obtuvo el blanco, con 17% y 16%, respectivamente. En la capital del tejo el blanco venció a todos los partidos.

La tan cacareada capital del voto de opinión, hoy en día no es Bogotá — es Tunja.

En síntesis, y sujeto a múltiples calificaciones, entre el voto en blanco y el santismo tiende a haber una relación inversa, es decir, a mayor voto de opinión menor apoyo por la coalición del presidente. A su vez, entre mayor la vulnerabilidad/pobreza de la población, menor el porcentaje de votos en blanco y mayor el sufragio santista.

¿Cuántos colombianos votarán?

Con Stefan Bauchowitz

En las últimas cuatro elecciones presidenciales han participado en promedio el 48,1% de los potenciales votantes. En 1998 se registró la participación más alta, 51,6%; y en 2006 la más baja, 45%, año en que por primera vez los colombianos tuvieron la opción de reelegir al presidente. El diferencial entre las votaciones en elecciones presidenciales y legislativas para el periodo 1998-2010 es 4,9% — siendo siempre mayor el entusiasmo ciudadano por las presidenciales.

En los comicios parlamentarios del pasado 9 de marzo fueron a las urnas el 43,6% de aquellos habilitados para hacerlo. Si bien es prematuro afirmar que cuando hay reelección la votación es más baja que cuando no la hay, el perfil de la próxima elección — relativa apatía, escasez de debate, y consistentes indicios de inconformismo con el ramillete de candidatos en oferta evidenciado en los altos niveles de intención de voto registrados por el voto en blanco — permite aventurar que el 25 de mayo los colombianos no abarrotarán las mesas de votación. Aplicando el promedio diferencial entre los dos tipos de elecciones se puede conjeturar una participación del 48%, es decir, unos 15,7 millones de sufragantes.

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¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz.

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

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Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

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Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.

 

¿Cómo votan en regiones?

Con Stefan Bauchowitz

Es evidente que hay importantes diferencias electorales al interior de Colombia. Históricamente, el altiplano y la zona cafetera han tendido a votar más por el Partido Conservador, mientras que la costa atlántica lo ha hecho por la Partido Liberal. Desde hace años Bogotá exhibe poca fidelidad con los partidos tradicionales, decantándose por los así llamados candidatos independientes, como Mockus o Peñalosa. Sus últimos tres alcaldes han sido de izquierda, pese a tener records de gestión muy disímiles.

Tal vez los contrastes más notables son los que se presentan entre el altiplano (Boyacá y Cundinamarca), el distrito capital (Bogotá), y la zona caribe (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Sucre y La Guajira), donde se contabilizan 2,5, 5 y 6,8 millones de sufragantes potenciales, respectivamente. Estos 14 millones de votantes equivalen al 43% del censo electoral.

Las diferencias son notorias entre las poblaciones de la costa y las del altiplano – especialmente en centros urbanos de entre 70,000 y 200,000 habitantes. Tomando 9 ciudades costeras (Tierralta, Sahagún, Lorica, Maicao, Cereté, Malambo, Magangue, Ciénaga y El Cármen de Bolívar) y 8 del altiplano (Tunja, Duitama, Sogamoso, Chía, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá y Chiquinquirá), con un total poblacional de 2 millones de habitantes de los cuales 540,000 votaron en las elecciones legislativas del pasado marzo, destacan los siguientes patrones:

  1. Un abstencionismo más pronunciado en el altiplano que en la costa (53% contra 47%).
  2. Un dominio electoral del santismo, entendido como la suma de los votos por el Partido de La U y por Cambio Radical, que alcanza la mayoría absoluta, 53,3% en la costa; frente al modesto desempeño del uribismo en esta región, donde el Centro Democrático apenas alcanza el 6,2% de la votación. Si el país votara en los comicios presidenciales como lo hizo la costa en las elecciones legislativas, Santos podría ser reelegido en primera vuelta.
  3. Una estrecha ventaja que tiene el Centro Democrático en el altiplano, con el 20% de los votos, sobre el santismo, que recoge el 18,3%.
  4. El voto en blanco en el altiplano es el más alto registrado en el país, 15.3%; comparado con el bajísimo nivel marcado en la costa, 1.6%.

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En síntesis, si las elecciones legislativas ofrecen una aproximación a las votaciones presidenciales de mayo, es de esperar una amplia victoria del presidente Santos en virtud de tres razones. Primero, que en la costa los potenciales sufragantes saldrán a votar más que en el altiplano, y que lo harán mayoritariamente por Santos. Segundo, que el margen que abre la costa entre Zuluaga y el presidente no se recorta de manera sustancial con la victoria del primero en Boyacá y Cundinamarca. Tercero, que el desafecto de los cundiboyacenses por el actual gobierno, al traducirse en buena parte en votos en blanco, mantiene la distancia de Santos sobre Zuluaga.

 

¿Qué tan importante es el voto rural?

Con Stefan Bauchowitz

El voto rural es más importante de lo que parece. Primero, porque las pequeñas urbes (aquellas con menos de 20,000 habitantes) participan más en las elecciones que las grandes ciudades (aquellas con más de 900,000 habitantes).

En las últimas elecciones legislativas, las pequeñas urbes registraron una participación del 49%, mientras que las grandes ciudades registraron una participación de 39%. Si bien en las pequeñas urbes solo votaron 2,7 millones de personas, comparado con los 3,6 millones de personas que lo hicieron en las grandes ciudades, también es el caso que localidades con menos de 50,000 habitantes — donde la población sufragante efectiva supera los 5 millones — exhiben una participación electoral significativamente más alta, alcanzando un 48% en los comicios de marzo, por ejemplo.

El voto rural también es importante porque Santos sigue fuerte en aquellos municipios con menos de 20,000 habitantes — según la intención de voto recogida por la encuesta de Gallup. Cuatro de cada diez votantes en este segmento del electorado dice que marcará a Santos en el tarjetón. El apoyo por el presidente desciende gradualmente a medida que los municipios aumentan de población: al 37% en localidades con menos de 100,000 personas, a 33% en aquellas con menos de 900,000, y a cerca de 25% en las grandes ciudades. La intención de voto por el candidato del partido Verde, Enrique Peñalosa, muestra la tendencia inversa: a subir a medida que las poblaciones crecen en tamaño, si bien desde una base mucho más baja, cercana al 6% en los municipios más pequeños, hasta el 18% en las cinco ciudades capitales. Lo que sucede hoy con la intención de voto por Santos y Peñalosa según la población municipal se refleja también con las votaciones reales registradas en la elección de 2010 entre Santos y el también candidato del Partido Verde, Antanas Mockus.

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La carrera por la presidencia está abierta

A nueve días de los comicios en Colombia, dos sondeos de opinión pública mostraron cifras que dejan absolutamente abierta la competencia por el control de la Casa de Nariño y que hasta hace algunas semanas era liderada con tranquilidad por Juan Manuel Santos.

Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático) lidera la intención de voto con el 24%, mientras que el presidente Santos (Partido de La U) aparece en segundo lugar con el 22%. En tanto, la encuesta de la firma Infométrika indica que Santos alcanza el 31,3% de intención de voto manteniendo una ligera ventaja sobre Zuluaga, quien registra el 29,6%. Los márgenes de error en el muestreo son de 2,5% para CNC y de 5,1% para Infométrika.

La primera conclusión tras el análisis de dichas encuestas es que Colombia, a poco más de una semana de la elección, no tiene un ganador claro. Segundo, lo que sí corroborarían las cifras es que los pases para la segunda vuelta ya están definidos, pues Enrique Peñalosa, candidato del Partido Verde, ha sido relegado en las intenciones de voto a un distante tercer lugar, recogiendo solo entre el 10% y 13% de las intenciones de voto.

El factor inmediato a considerar y que explica la variación numérica de las encuestas son dos escándalos que estallaron a comienzos de la semana pasada en torno a las candidaturas de Santos y Zuluaga (ver Escándalos con efecto político) y la serie de acusaciones que han volado de una campaña a otra desde entonces.

Buena parte del alza en la intención de voto por Zuluaga antecede el escándalo, ya que una encuesta publicada por el CNC el 5 de mayo ya daba a Zuluaga 22% de la intención de voto (ver encuesta). En el caso del sondeo de Infométrika, la fecha de recolección de datos — 3 al 6 de mayo — no alcanzaría a considerar las reacciones de los electores frente a los escándalos, pues los acontecimientos más importantes ocurrieron en los días siguientes.

Solamente la encuesta del pasado lunes del CNC refleja las preferencias de voto tras las revelaciones que enlodan a estos dos candidatos y a sus campañas, siendo prematuro emitir juicios certeros sobre su impacto. Por tanto, la sorpresa no es el auge de Zuluaga sino la baja de Santos, quien en la serie de sondeos de CNC ha visto caer sus preferencias del 26% al 22% entre las encuestas publicadas el 29 de abril y el pasado lunes.

Lo que queda sin explicar — de mantenerse esta tendencia — es por qué los escándalos afectaron la campaña de Santos pero no la de Zuluaga.

El tiempo para revertir el efecto negativo sobre la intención de voto a favor del candidato oficialista se agota y al parecer, el resultado en las urnas será el mejor test para cuantificar el verdadero impacto sobre la continuidad de Juan Manuel Santos en el poder.

Santos y Zuluaga en la recta final

Por primera vez en la carrera por la presidencia aparece una encuesta en donde no hay un ganador claro. Adicionalmente dos escándalos vinculados a las candidaturas de Santos y Zuluaga amenazan con impactar la percepción de los votantes colombianos a 15 días de la elección.

Según el último sondeo divulgado por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), las intenciones de voto ciudadanas registradas por el candidato oficialista, Juan Manuel Santos (Partido de La U), y el aspirante uribista, Oscar Iván Zuluaga (Centro Democrático), son demasiado próximas entre sí para decretar un puntero absoluto. Santos captura el 23% de la opinión, mientras que Zuluaga alcanza el 22%.

Si bien la encuesta del CNC confirma el despegue de la campaña de Zuluaga y el rezago de Enrique Peñalosa (Partido Verde), quién obtiene el 13% de las preferencias, otro sondeo publicado por Cifras y Conceptos (CyC) indica que Santos aún sigue al frente. Las mediciones de esta firma, más fiables gracias a las técnicas de recolección de datos que emplean (entrevista cara a cara, en lugar de encuesta telefónica), dan a Santos un 27% de las preferencias ciudadanas. Entre tanto, Zuluaga marca el 19% y el voto en blanco ocupa el tercer lugar con el 17%.

Estas cifras no representan novedad alguna para el oficialismo, ya que desde febrero las preferencias por Santos no han bajado más allá del 23%, ni han superado el 32%. Sin embargo, para Zuluaga los guarismos son muy positivos y requieren explicación. En línea con el mayor y mejor reconocimiento de Zuluaga que la encuesta de Gallup indicaba la semana pasada, el sondeo de CyC ratifica la creciente imagen favorable del candidato uribista, al pasar del 23% al 38% entre marzo y abril. Esta favorabilidad se estaría traduciendo en votos que no necesariamente vienen de otros candidatos, sino del descenso en el voto en blanco, el cual dentro de la serie de encuestas de CyC, bajó del 27% al 16%.

Otro elemento explicativo en el ascenso general de Zuluaga es su fortalecimiento en la plaza electoral más importante del país, Bogotá. Según la misma encuestadora, el porcentaje de capitalinos que votarían por Zuluaga, si las elecciones fueran mañana, sería el 29%. En marzo solo recogía un 16%. Es factible que los acercamientos con el ex-vicepresidente Francisco Santos — enemigo acérrimo del primer mandatario y favorito a la alcaldía de Bogotá — y que terminaron con su adhesión a la campaña de Zuluaga hace pocos días, hayan influido en este repunte.

La encuesta de CyC además señala un empate entre Peñalosa y Clara López (Polo Democrático y Unión Patriótica). Ambos candidatos capturan el 10% de las intenciones de voto. Entre tanto, Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) registra un 8%, igualando a los indecisos. De forma similar, el sondeo del CNC muestra a López con el 11%, a Ramírez con el 10%, el voto en blanco con apenas el 7% y a los indecisos con el 14%.

Escándalos con efecto político

A 15 días de la elección, esta semana las campañas presidenciales fueron sacudidas por fuertes escándalos vinculados a las candidaturas de Santos y Zuluaga.

En el oficialismo, Juan José Rendón Delgado (más conocido como J.J. Rendón), el principal asesor y estratega de la campaña del presidente Santos renunció el lunes a su cargo tras acusaciones de robarse millones de dólares de un grupo de narcotraficantes. El grupo habría estado negociando con el gobierno su entrega a la justicia. Hasta ahora parece claro que el presidente ignoró la propuesta mafiosa y dejó el caso en manos de la fiscalía. En tanto, el ex presidente Uribe aprovechó la ocasión para arremeter contra Santos, asegurando que Rendón habría girado US$ 2 millones para la campaña del actual mandatario en 2010, declaración que le valdrá una denuncia penal por parte del equipo santista.

En el terreno de Zuluaga las cosas no están mejor. Un hacker fue capturado el martes acusado de interceptar ilegalmente comunicaciones del gobierno, periodistas y miembros de las FARC, este último grupo en negociaciones de paz con el gobierno en La Habana. El hacker resultó ser un miembro de la campaña de Zuluaga.

Los vínculos del hacker con la campaña de Zuluaga quedaron al descubierto tras un fallido intento del gerente de la campaña (en compañía del hacker) por difundir una noticia según la cual las FARC obligarían a votar por Santos en el departamento del Putumayo. El hecho puso en el tapete las intenciones de jugar sucio en la contienda electoral y de hacerlo incluso a costa del proceso de paz. Las reacciones fueron inmediatas. El director del partido Liberal acusó a Zuluaga de traicionar al país en su afán presidencial. Adicionalmente, un senador exigió la renuncia de Zuluaga a la candidatura presidencial.

Por ahora el momentum mediático (negativo) está más cerca de Zuluaga que de Santos, aunque el efecto político de los escándalos en ambas candidaturas está por verse.