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Elecciones Locales: El Fin de una Era

Treinta y tres millones de colombianos tendrán opción de votar en las elecciones locales el próximo 25 de octubre. Con más de 114,000 candidatos aspirando liderar municipios y departamentos desde gobernaciones, alcaldías municipales, asambleas departamentales, concejos, y juntas de acción local, estas elecciones batirán los records de participación de candidatos inscritos. Los comicios, sin embargo, revisten de mayor interés por otras razones. Primero, porque la reconfiguración de poderes políticos locales influirá las posiciones de los colombianos frente a los acuerdos de paz que se logren con la guerrilla de FARC en La Habana, acuerdos que deberán ser refrendados mediante un mecanismo representativo/participativo – aun por establecer. Y segundo, debido a la alta probabilidad de que las votaciones marquen un nuevo ciclo electoral.

Tres fenómenos en desarrollo prometen alterar el orden político vigente: el debilitamiento de la izquierda, el encumbramiento del partido Cambio Radical, y el debut del uribismo a nivel local.

La izquierda recibirá un revés enorme de perder la alcaldía de Bogotá tras 12 años de gobierno consecutivo. Dos tipos de evidencia le auguran unos comicios complicados. Primero, una tendencia decreciente del respaldo capitalino después de la contundente victoria de 2003, cuando el principal partido de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, obtuvo el 46.3% de los votos. En 2007, el Polo volvió a ganar, si bien con una votación menor, 43.7%, mientras que en 2011, el movimiento Progresistas del actual burgomaestre, Gustavo Petro, retuvo el despacho con apenas el 32.2% de los sufragios. Según encuestas recientes la destorcida continúa, al punto que esta vez habrá relevo en el Palacio de Liévano. La candidata del Polo para la alcaldía de Bogotá, Clara López, no figura como favorita en la intención de voto de ninguna de las encuestas realizadas durante las últimas 10 semanas – ni tampoco como segunda. Además, la alianza de López con el alcalde Petro no sumará votos de opinión. Petro tiene un 57% de imagen desfavorable entre los bogotanos (Ipsos 01/08/2015), y el 64% de éstos desaprueban su gestión (Gallup 01/07/2015). Como si fuera poco, el 80% de aquellos que afirman haber votado por él en las pasadas elecciones sostiene que su desempeño estuvo por debajo de las expectativas (Ipsos 01/08/2015). En breve, Petro es un aliado radioactivo.

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Otro fenómeno importante es el debut del Centro Democrático en elecciones locales. El partido del ex-mandatario, Álvaro Uribe Vélez, presidente, fundador y orientador de esta colectividad se estrena en una coyuntura política que le es singularmente adversa. Por un lado, el apretón de manos estrechado entre el presidente Santos y el líder de las FARC el pasado mes de septiembre en Cuba, sumado al anuncio histórico de firmar la paz en menos de seis meses, ha generado un momentum muy oportuno a favor de la apuesta del gobierno por la paz. Según datos recolectados por el CNC (07/10/2015) tras estos eventos, el 57% de los colombianos cree que el país va por buen camino, y el 59% tiene una imagen favorable del presidente Santos (las cifras en julio eran 32% y 41%; respectivamente). Además, el 65% se siente optimista frente a los diálogos de paz, el 73% dice aprobar la decisión del presidente de abrir dichos diálogos con la guerrilla, y el 79% sostiene que personalmente aprobaría los acuerdos de paz si de él/ella dependiera. Este creciente respaldo de la opinión al proceso reduce el espacio y la eficacia electoral del Centro Democrático, principal opositor del gobierno – y de las negociaciones. Aún más preocupante para el uribismo es que el optimismo de parte importante de la opinión respecto al fin del conflicto armado hace del eje de su estrategia electoral – el discurso beligerante, anti-subversivo – un medio obsoleto como mecanismo de movilización de los votantes hacia sus propuestas y candidatos. En resumen, la paz hoy es costosa para el Centro Democrático, electoralmente hablando.

Como si esto no bastara, el Centro Democrático en su condición de partido nuevo, opositor y minoritario, se ha visto prácticamente privado de “mermelada” para vigorizar sus campañas – “mermelada” es el colombianismo con que popularmente se denomina la práctica de movilizar el voto clientelar. Si el uribismo a punta de carisma es capaz de replicar los resultados alcanzados en las elecciones parlamentarias de 2014, (fue el segundo partido más votado para el senado, logrando casi un 20% de representación) su relevancia y continuidad estarán sólidamente resguardadas. Las encuestas, sin embargo, no vaticinan esto. De las 20 principales ciudades del país, el Centro Democrático lidera ampliamente las intenciones de voto solo en dos: Medellín y Manizales. La primera representa la base electoral de Uribe Vélez, y la segunda es la capital departamental de donde es oriundo, y ha hecho gran parte de su carrera política, el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, actual director del partido.

Si los horizontes para la izquierda y el uribismo son oscuros, para quien luce prometedor el panorama es para Cambio Radical – partido del actual vice-presidente, Germán Vargas Lleras. Esta colectividad, de hecho, se perfila como la vencedora de los comicios. De las 10 ciudades más importantes hoy Cambio Radical gobierna en una, pero según sondeos del CNC, con candidatos propios y por medio de alianzas locales es probable que gane en al menos tres (Bogotá, Barranquilla, Cúcuta), y dispute reñidamente otras cinco (Cali, Ibagué, Soledad, Armenia y Tunja). De ratificarse estas tendencias en las preferencias ciudadanas el próximo 25 de octubre, Cambio Radical dejará de verse como el socio minoritario del actual gobierno de coalición que lidera La Unión Social Nacional de Santos, y se convertirá en el partido favorito para gobernar el próximo cuatrienio en derecho propio. Vargas Lleras, quien vox populi, es firme candidato a la presidencia en 2018, fue denunciado recientemente ante el Concejo Nacional Electoral desde la coalición misma por hacer proselitismo.

En resumen, las elecciones locales recalibrarán las fuerzas políticas colombianas. El debilitamiento de la izquierda, aunado a la adversa coyuntura que los avances en el proceso de paz encarnan para el uribismo, apuntan a que en estos comicios los extremos del espectro político obtendrán votaciones modestas. El centro, por el contrario, flexible, amorfo, y poco ideológico crecerá. En este espacio, la aproximación de Cambio Radical como relevo inminente del Partido de La U agitará el banderazo que selle el inicio del nuevo ciclo.

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¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz.

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

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Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

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Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.

 

A un mes de las elecciones presidenciales

La restitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, así como algunos conflictos surgidos en la coalición oficialista marcaron el acontecer político en Colombia. A un mes las elecciones presidenciales, no se difundieron nuevos sondeos de opinión pública. Sólo la proyección del voto en blanco, publicada por Tresquintos agregó nuevos elementos de análisis esta semana.

Sin embargo, al interior del santismo sondeos internos revelados por el portal colombiano, La Silla Vacía, habrían mostrado que Juan Manuel Santos continúa al frente de las preferencias ciudadanas con un 32% de los votos, seguido del candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, con 14% y Enrique Peñalosa, del Partido Verde, con 13%. Estos últimos porcentajes son prácticamente iguales a los que publicó Cifras y Conceptos el 31 de marzo (teniendo en cuenta los márgenes de error). En tanto, las preferencias por Santos son moderadamente más altas que las mostradas recientemente por el Centro Nacional de Consultoría, entre 23% y 27%. Por último, el porcentaje de los indecisos, alcanzaría el 10%.

Uno de los elementos más destacados del análisis oficialista es el supuesto repunte de Santos, que sorprende si se contrasta con los acontecimientos políticos que han afectado al gobierno y su campaña reeleccionista en días pasados. Por un lado, la restitución del alcalde de Bogotá por orden de un juez hizo ver la decisión tomada por el primer mandatario — de no acatar la recomendación de suspender el proceso hecha por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en marzo — como errada e inocua. Por otra parte, el malestar y los conflictos registrados al interior de la coalición oficialista entre congresistas liberales, representantes de Cambio Radical y las directivas de la campaña, no se estarían suscitando si el optimismo y la confianza reinaran en el equipo santista a solo un mes de los comicios.

Las campañas de los candidatos que pelean por el tiquete a la segunda vuelta siguen sin despegar, pese a que ninguna encuesta indica que Santos obtendrá la mayoría absoluta el 25 de mayo. La candidatura de Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, ha centrado el debate político sobre la convención del partido en la cual fue elegida y sobre la que el Consejo Nacional Electoral emitirá un juicio próximamente, que de ser negativo podría poner fin a sus aspiraciones presidenciales.

En tanto, declaraciones sustanciales hechas por Enrique Peñalosa, quien en un eventual gobierno no estaría dispuesto a firmar un comercial con Corea del Sur (que se está negociando actualmente) o que la candidata del Polo Democrático, Clara López, quien se opondría a las importaciones de café de ser electa presidenta, pasan completamente desapercibidas por los principales medios colombianos, se relegan a notas marginales o curiosidades de campaña, pese a que éstas revelan posiciones políticas e ideológicas con implicaciones de cierto calibre.

Peñalosa ha acaparado más portadas por supuestas declaraciones racistas (descontextualizadas). En una entrevista en la Revista Bocas, Peñalosa, en la que indicó: “Trabajé más de dos años como obrero raso en una construcción, tan raso, que era el único no negro de la obra”. Las declaraciones le valieron dos días de mala prensa y la increpación de la fundación CHAO Racismo.

Finalmente, la anunciada estrategia ausentista de Santos y de Peñalosa en los debates presidenciales, sumada a una probable reproducción de noticias alrededor del paro agrario programado para el lunes 28 de abril, la muy factible impugnación de la medida que restituye al alcalde Petro — además del renacer de una revocatoria de su mandato por la vía plebiscitaria — y el reinicio de los diálogos de paz en Cuba, auguran el dominio de los espacios mediáticos por el candidato oficialista.

Santos sigue en la punta

El presidente y candidato del oficialismo Juan Manuel Santos registra una intención de voto de 27% en la encuesta publicada el pasado lunes por el Centro Nacional de Consultoría (CNC). En tanto, Enrique Peñalosa, del partido Alianza Verde y Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático, se pelean por el segundo lugar y el pase a la segunda vuelta en junio con el 17% y 15% de las preferencias ciudadanas, respectivamente. Estos guarismos equivalen a un empate técnico entre los dos aspirantes. La leve tendencia a la baja en la intención de voto por Santos registrada en las últimas tres semanas se mantiene.

Los porcentajes de votación que obtienen todos los aspirantes siguen sin mostrar altibajos importantes: el gobierno del presidente Santos no logró capitalizar políticamente la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro y, de hecho, es posible que la próxima semana tenga que restituirlo en el cargo, según lo determine el Consejo de Estado. Las medidas del gobierno dirigidas a contener la amenaza de un segundo paro agrario solo han logrado prevenir una caída más fuerte en la popularidad del primer mandatario, quien además ha tenido que resistir duras críticas sobre proceso de paz hechas por el expresidente Álvaro Uribe, como por el candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga.

Sin embargo, Santos continúa perfilándose como el más probable ganador de la elección presidencial. Las razones que explican el liderazgo del candidato oficialista han sido dilucidadas en parte, tras el análisis de los datos de otra encuesta hecha por el CNC. El sondeo consultó a los ciudadanos respecto a las características que prefieren encontrar en un candidato presidencial: visión de futuro, honradez, respeto por la democracia, que impulse el bienestar económico y respete la democracia son algunos de los rasgos más importantes registrados por la encuesta. Los resultados del sondeo muestran a Santos como el candidato que más se acerca a dichos ideales. Destacan el respeto por la democracia y tener una visión de futuro para el país. Percepciones como estas son poco susceptibles de cambiar en el corto plazo y ayudan a entender por qué Santos lidera las encuestas.

Respecto al voto blanco, comparado con los niveles marcados en marzo, continúa su tendencia a la baja ubicándose en el 9%. Los escasos puntos porcentuales de más que muestran Peñalosa y Zuluaga probablemente se originen en votantes que antes se inclinaban por el voto en blanco o en aquellos que están saliendo del rango de los indecisos. Encuestas realizadas en marzo por Ipsos y el CNC registraban a los indecisos representando el 19% y 13% respectivamente, mientras que en el sondeo del pasado lunes este grupo representaba el 10%.

La Semana Santa y la muerte del nobel Gabriel García Márquez el pasado jueves eclipsarán las noticias de campaña en los próximos días. Después del receso, y prácticamente a un mes de las elecciones, la carrera por la presidencia entra en su recta final.

Colombia: Lo que está en juego

El Fondo

En mayo Colombia decide si reelige al presidente saliente, Juan Manuel Santos, o vota por un nuevo líder. No es poco lo que esta en juego. Dependiendo de qué candidato llegue a la Casa de Nariño –  y el abanico de opciones abarca desde la derecha conservadora a la izquierda radical pasando por dos opciones de centros – algunas de las políticas medulares de los últimos años podrían verse revertidas, pues las diferencias entre los candidatos son sustanciales.

Sobre el papel, y en vista de esa diversidad política e ideológica, en las próximas elecciones existe el riesgo de que el péndulo en materia de política económica se distancie del modelo neoliberal. Por ejemplo, el ideario de unidad del partido de izquierda Polo Democrático tiene como punto de arranque “el rechazo de la globalización neoliberal expresada en el Tratado de Libre Comercio con EE.UU”. En 2012 Colombia firmó tal acuerdo con el coloso del norte y el año pasado otro con la Unión Europea, actualmente está en negociaciones similares con Corea del Sur. Si bien la izquierda buscaría renegociar o revertir arreglos de este tipo, la probabilidad de que llegue al poder es baja.

Sobre los diálogos de paz que el gobierno de Santos adelanta en La Habana con la guerrilla de las FARC, el gran crítico al proceso es el Centro Democrático (CD). El candidato del partido, Oscar Iván Zuluaga, ha dicho que “no se arrodillará ante el terrorismo ni el castro-chavismo”. Un punto importante en el que el CD ha capturado el sentimiento de los colombianos es en que la mayoría quiere ver a las FARC pagando sus crímenes con cárcel (81%, según una encuesta de Ipsos). Si el presidente electo fuera Zuluaga, el rumbo de los diálogos — como está formulado hoy — cambiaría drásticamente.

En el caso que el vencedor fuera Enrique Peñalosa – de Alianza Verde – y los eventuales acuerdos en La Habana llegaran a buen puerto, quedarían por resolver sus ratificaciones, en las que el Congreso tendrá voz y voto. La posición del partido verde como minoría, y los problemas de gobernabilidad que esto conlleva, no harán este trámite (ni ningún otro) nada fácil. Una situación en la que el partido del presidente cuenta con el 5% de los escaños en el Senado es inédita en el país.

La Forma

En esta ocasión el proceso electoral mismo será más importante de lo que parece a primera vista. Con abstencionismo, clientelismo, casos de fraude electoral y demás vicios e imperfecciones del sistema político, el proceso electoral deberá ser — y parecer — decididamente justo y democrático. Las garantías electorales en cuanto a seguridad, acceso a financiación estatal y a medios de comunicación públicos, han de ser efectivas y equitativas para todos los candidatos por dos razones de fuerza mayor.

Primero, el regreso del partido de izquierda Unión Patriótica (UP) que tras recuperar su personería jurídica participa en las elecciones en coalición con el Polo Democrático. A finales de los años 80 y comienzos de los noventas la UP fue victima de un “genocidio político” en el que dos candidatos presidenciales y 4,000 de sus militantes fueron asesinados. La participación de este partido en un proceso electoral democrático donde su programa e ideario puedan ser divulgados libremente, y esto se traduzca en votos y representatividad política tiene un significado extraordinario en la coyuntura actual, pues no solamente le demuestra a la izquierda radical (entre sus fundadores figuran integrantes de frentes guerrilleros desmovilizados) que sí es posible hacer política dentro del marco legal, sino que reconfirma la obsolescencia de la violencia como expresión política en el país.

Segundo, una aceptación generalizada entre electores y candidatos de que las elecciones presidenciales fueron limpias sería vital  para restar importancia a posibles acusaciones de ilegitimidad. Fuertes declaraciones alegando la ilegitimidad del recién elegido congreso fueron lanzadas por el popular expresidente Álvaro Uribe, ahora senador electo y jefe del CD, sobre los comicios legislativos del pasado 9 de marzo. Ante una posible derrota del candidato del uribismo en las elecciones presidenciales de mayo es probable que se intenten sembrar dudas sobre la legitimidad política de un segundo gobierno de Santos. La forma más eficaz de combatir este peligroso juego sería con un proceso electoral transparente y contundente — en el que ganadores y perdedores tengan que consentir los resultados sin vacilación.

Seguridad y Crecimiento

Las elecciones se dan en un contexto favorable para el país: una década de desempeño económico aceptable caracterizado por bajas tasas de inflación, crecientes influjos de inversión extranjera y apertura comercial. El sector minero-energético ha sido clave para el desarrollo exportador, generando divisas y recursos fiscales destinados al gasto militar y  social — la construcción de vivienda de interés social siendo un rubro importante. Colombia ha aprovechado la bonanza en los precios globales de productos primarios gracias a las mejoras que las dos administraciones de Álvaro Uribe (2002-2010) propiciaron en seguridad. Los factores determinantes de esta mejoría fueron dos: la exitosa arremetida militar que dio de baja a varios de los comandantes de las FARC y forzó el repliegue de sus frentes, es decir, su debilitamiento estratégico y militar; y la desmovilización de los grupos de autodefensa — cuyo número sobrepasó los 20,000 hombres.

Santos ha defendido los avances legados en esta materia, y ha abierto la puerta a la negociación política con las FARC como camino para acabar con el conflicto. La decisión de probar el diálogo cuando la superioridad militar se ha hecho evidente es necesaria pero arriesgada políticamente. Según las encuestas, la mayoría de los colombianos respaldan los diálogos de paz que se están llevando a cabo desde agosto de 2012 con esa guerrilla en La Habana; pero pese al momento histórico que estos representan, a la opinión pública en general le preocupa más el desempleo, y la calidad/cobertura de la salud que lograr un acuerdo de paz con la insurgencia (según una encuesta de Gallup).

La importancia de las negociaciones de paz para la economía es mayor de lo que piensa el electorado, pues dar por sentado que el modelo de desarrollo extractivo en curso es independiente de los vaivenes del conflicto armado es peligroso. Siendo la minería el principal motor exportador, el foco de la inversión extranjera y una fuente importantes recursos fiscales, lo que suceda en las regiones en términos de seguridad en la exploración, explotación y transporte de productos minero-energéticos afecta seriamente la competitividad del sector en los mercados externos. El rompimiento de los diálogos y un eventual regreso a la guerra abierta entre las FARC y el estado podría frenar el crecimiento derivado de este modelo. Para algunos economistas el fin del conflicto armado significaría un aumento del uno por ciento anual en el PIB. Si esto es importante en términos económicos, lo es más aun para la política y la sociedad en general. 

La primera victoria de Santos

El presidente Juan Manuel Santos logró una estrecha victoria en las elecciones legislativas del pasado domingo, luego que el oficialista Partido de la U consiguiera un 15,6% de los sufragios. Esto le facilitaría a Santos el control del Congreso si finalmente es reelecto en Mayo.

Fue la primera elección donde el oficialismo midió fuerzas con el Centro Democrático, la nueva plataforma política del ex presidente Álvaro Uribe, partido que consiguió 14,3% de los sufragios. Mientras que el partido de Santos obtuvo 21 curules en el Senado y 37 curules en la Cámara de Representantes, el partido de Uribe obtuvo 19 curules en el Senado y 12 curules en la Cámara de Representantes.

Tras la elección, la conformación de fuerzas al interior del Congreso muestra que los Liberales – quienes apoyan a Santos y consiguieron 13,6% de los votos ‒ tendrán 17 senadores y 39 representantes en la Cámara baja. En tanto, los Conservadores ‒ que consiguieron un 12,2% de los sufragios ‒ los seguirán de cerca con 19 senadores y 27 representantes en la Cámara baja.

Si el actual mandatario repite la coalición de gobierno de 2010, con el Partido Liberal, el Partido Conservador y Cambio Radical (este último consiguió un 7% en las legislativas), su mayoría en el Congreso será amplia. Por tanto, los acuerdos a los que pudiese llegar en el proceso de paz con la guerrilla en La Habana tendrían mayor probabilidad de llegar a buen puerto.

Otro de los puntos destacados fue la alta votación registrada en favor en la Alianza Verde, que logró cerca de 4 millones de votos. Dicho conglomerado realizó una consulta abierta para elegir a su candidato presidencial. El ex-alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa se erigió como la figura que representará a los verdes en la elección de mayo. Sin embargo, el panorama no se ve sencillo al interior del partido. John Sudarsky, un precandidato perdedor en la consulta, anunció que “no le cargará el megáfono” a Peñalosa, pues considera que fueron los votos de Uribe los que lo eligieron. En tanto, Camilo Romero, el otro precandidato, también dejó entrever sus dudas con el Peñalosismo.

Las elecciones registraron 14,3 millones de votos, un 43,6% del potencial electoral. Cerca de 750.000 electores votaron en blanco (5,2%) y casi 1,5 millones de sufragios (10,4% para el Senado y 12,2% para la Cámara) fueron anulados. Este último número se explica en parte por la presentación simultánea de listas cerradas y abiertas que dificultan las selecciones en el tarjetón. A esto se suma la confusión que provocaron campañas, en las que evocando el nombre de un líder político y su partido, se invitaba a votar por otro. El tarjetón para las presidenciales es más simple, y Uribe, el candidato en el ojo del huracán no corre en la carrera presidencial.

Teniendo en cuenta que los Liberales no presentarán candidato propio (irán con Santos), que el líder natural de Cambio Radical ‒ Germán Vargas Lleras ‒ es la fórmula vice-presidencial del mandatario en ejercicio, que los Conservadores están divididos entre los Santistas y los seguidores del candidato oficial del partido, y que el Uribismo estuvo lejos de arrasar en las elecciones legislativas como muchos esperaban, aumenta la probabilidad de una victoria para Santos.