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Elecciones Locales: El Fin de una Era

Treinta y tres millones de colombianos tendrán opción de votar en las elecciones locales el próximo 25 de octubre. Con más de 114,000 candidatos aspirando liderar municipios y departamentos desde gobernaciones, alcaldías municipales, asambleas departamentales, concejos, y juntas de acción local, estas elecciones batirán los records de participación de candidatos inscritos. Los comicios, sin embargo, revisten de mayor interés por otras razones. Primero, porque la reconfiguración de poderes políticos locales influirá las posiciones de los colombianos frente a los acuerdos de paz que se logren con la guerrilla de FARC en La Habana, acuerdos que deberán ser refrendados mediante un mecanismo representativo/participativo – aun por establecer. Y segundo, debido a la alta probabilidad de que las votaciones marquen un nuevo ciclo electoral.

Tres fenómenos en desarrollo prometen alterar el orden político vigente: el debilitamiento de la izquierda, el encumbramiento del partido Cambio Radical, y el debut del uribismo a nivel local.

La izquierda recibirá un revés enorme de perder la alcaldía de Bogotá tras 12 años de gobierno consecutivo. Dos tipos de evidencia le auguran unos comicios complicados. Primero, una tendencia decreciente del respaldo capitalino después de la contundente victoria de 2003, cuando el principal partido de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, obtuvo el 46.3% de los votos. En 2007, el Polo volvió a ganar, si bien con una votación menor, 43.7%, mientras que en 2011, el movimiento Progresistas del actual burgomaestre, Gustavo Petro, retuvo el despacho con apenas el 32.2% de los sufragios. Según encuestas recientes la destorcida continúa, al punto que esta vez habrá relevo en el Palacio de Liévano. La candidata del Polo para la alcaldía de Bogotá, Clara López, no figura como favorita en la intención de voto de ninguna de las encuestas realizadas durante las últimas 10 semanas – ni tampoco como segunda. Además, la alianza de López con el alcalde Petro no sumará votos de opinión. Petro tiene un 57% de imagen desfavorable entre los bogotanos (Ipsos 01/08/2015), y el 64% de éstos desaprueban su gestión (Gallup 01/07/2015). Como si fuera poco, el 80% de aquellos que afirman haber votado por él en las pasadas elecciones sostiene que su desempeño estuvo por debajo de las expectativas (Ipsos 01/08/2015). En breve, Petro es un aliado radioactivo.

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Otro fenómeno importante es el debut del Centro Democrático en elecciones locales. El partido del ex-mandatario, Álvaro Uribe Vélez, presidente, fundador y orientador de esta colectividad se estrena en una coyuntura política que le es singularmente adversa. Por un lado, el apretón de manos estrechado entre el presidente Santos y el líder de las FARC el pasado mes de septiembre en Cuba, sumado al anuncio histórico de firmar la paz en menos de seis meses, ha generado un momentum muy oportuno a favor de la apuesta del gobierno por la paz. Según datos recolectados por el CNC (07/10/2015) tras estos eventos, el 57% de los colombianos cree que el país va por buen camino, y el 59% tiene una imagen favorable del presidente Santos (las cifras en julio eran 32% y 41%; respectivamente). Además, el 65% se siente optimista frente a los diálogos de paz, el 73% dice aprobar la decisión del presidente de abrir dichos diálogos con la guerrilla, y el 79% sostiene que personalmente aprobaría los acuerdos de paz si de él/ella dependiera. Este creciente respaldo de la opinión al proceso reduce el espacio y la eficacia electoral del Centro Democrático, principal opositor del gobierno – y de las negociaciones. Aún más preocupante para el uribismo es que el optimismo de parte importante de la opinión respecto al fin del conflicto armado hace del eje de su estrategia electoral – el discurso beligerante, anti-subversivo – un medio obsoleto como mecanismo de movilización de los votantes hacia sus propuestas y candidatos. En resumen, la paz hoy es costosa para el Centro Democrático, electoralmente hablando.

Como si esto no bastara, el Centro Democrático en su condición de partido nuevo, opositor y minoritario, se ha visto prácticamente privado de “mermelada” para vigorizar sus campañas – “mermelada” es el colombianismo con que popularmente se denomina la práctica de movilizar el voto clientelar. Si el uribismo a punta de carisma es capaz de replicar los resultados alcanzados en las elecciones parlamentarias de 2014, (fue el segundo partido más votado para el senado, logrando casi un 20% de representación) su relevancia y continuidad estarán sólidamente resguardadas. Las encuestas, sin embargo, no vaticinan esto. De las 20 principales ciudades del país, el Centro Democrático lidera ampliamente las intenciones de voto solo en dos: Medellín y Manizales. La primera representa la base electoral de Uribe Vélez, y la segunda es la capital departamental de donde es oriundo, y ha hecho gran parte de su carrera política, el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, actual director del partido.

Si los horizontes para la izquierda y el uribismo son oscuros, para quien luce prometedor el panorama es para Cambio Radical – partido del actual vice-presidente, Germán Vargas Lleras. Esta colectividad, de hecho, se perfila como la vencedora de los comicios. De las 10 ciudades más importantes hoy Cambio Radical gobierna en una, pero según sondeos del CNC, con candidatos propios y por medio de alianzas locales es probable que gane en al menos tres (Bogotá, Barranquilla, Cúcuta), y dispute reñidamente otras cinco (Cali, Ibagué, Soledad, Armenia y Tunja). De ratificarse estas tendencias en las preferencias ciudadanas el próximo 25 de octubre, Cambio Radical dejará de verse como el socio minoritario del actual gobierno de coalición que lidera La Unión Social Nacional de Santos, y se convertirá en el partido favorito para gobernar el próximo cuatrienio en derecho propio. Vargas Lleras, quien vox populi, es firme candidato a la presidencia en 2018, fue denunciado recientemente ante el Concejo Nacional Electoral desde la coalición misma por hacer proselitismo.

En resumen, las elecciones locales recalibrarán las fuerzas políticas colombianas. El debilitamiento de la izquierda, aunado a la adversa coyuntura que los avances en el proceso de paz encarnan para el uribismo, apuntan a que en estos comicios los extremos del espectro político obtendrán votaciones modestas. El centro, por el contrario, flexible, amorfo, y poco ideológico crecerá. En este espacio, la aproximación de Cambio Radical como relevo inminente del Partido de La U agitará el banderazo que selle el inicio del nuevo ciclo.

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Santos, pobreza y voto en blanco

Con Stefan Bauchowitz

Se dice del voto en blanco que es un voto de opinión. Ejercido por aquellos inconformes con los candidatos y/o con el sistema político. También es la decisión tomada por aquellos que de alguna forma están en una posición capaz de evitar que su preferencia sea manipulada o comprada. Es decir, es un voto libre, independiente e incorruptible. Es razonable suponer entonces que aquellos electores mejor educados y más pudientes — que tienden a vivir en las grandes ciudades y en las regiones con ingresos más altos — sean los que más sufragan en blanco.

Con base en datos de la votación para el senado del pasado marzo y un índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) a nivel departamental y municipal (como variable que sirve de “proxy” para medir la pobreza), a continuación se explora la relación entre el voto en blanco y la maquinaria política del estado expresada en la votación real alcanzada por el santismo. Se presume que la repartición de recursos, inversiones, favores políticos y demás “incentivos electorales” a las poblaciones mas vulnerables es una capacidad, si no exclusiva del gobierno, sí una que éste está en mejor lugar de apuntalar. Así, donde la maquinaria política del gobierno tiene más incidencia, en municipios relativamente pobres/vulnerables, el santismo tendría mayor respaldo y el voto de opinión menor.

Las siguientes gráficas muestran la existencia de una correlación positiva entre las dos variables: a mayor nivel de las NBI, mayor es la votación por el santismo (considerando la suma de los votos obtenidos por el Partido de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal, sobre el total de votos válidos).

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Así, se pueden agrupar dos tipos de departamentos en los que la relación propuesta parece existir. Regiones con altas incidencias de pobreza como Chocó, La Guajira, Córdoba, Bolívar y Magdalena, tienden a registrar bajísimos niveles de voto en blanco y relativamente altos niveles de respaldo por la coalición de Santos — más del 55%. Entre tanto, otras regiones como Bogotá, Risaralda, Boyacá, Antioquia y Santander, que están por encima de la media del ingreso nacional por habitante y reportan bajos niveles relativos de NBI, exhiben los porcentajes más altas de voto en blanco en tándem con un apoyo inferior al 35% por el santismo.

Diferencias estructurales entre regiones, como la económica, por supuesto no explican del todo la relación planteada. La política cuenta. No es ninguna casualidad que varios municipios de Boyacá y Cundinamarca donde el voto en blanco batió todos los records estuvieran en el corazón del paro agrario el pasado septiembre. En Villapinzón, Ubaté, Turmequé, Ubita, Toca y Sutatausa entre otros, el blanco osciló entre el 15% y 30% de los sufragios válidos. En la ciudad de Tunja, capital departamental de Boyacá, la mayor votación tanto para senado como para cámara la obtuvo el blanco, con 17% y 16%, respectivamente. En la capital del tejo el blanco venció a todos los partidos.

La tan cacareada capital del voto de opinión, hoy en día no es Bogotá — es Tunja.

En síntesis, y sujeto a múltiples calificaciones, entre el voto en blanco y el santismo tiende a haber una relación inversa, es decir, a mayor voto de opinión menor apoyo por la coalición del presidente. A su vez, entre mayor la vulnerabilidad/pobreza de la población, menor el porcentaje de votos en blanco y mayor el sufragio santista.

¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz.

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

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Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

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Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.

 

¿Cómo votan en regiones?

Con Stefan Bauchowitz

Es evidente que hay importantes diferencias electorales al interior de Colombia. Históricamente, el altiplano y la zona cafetera han tendido a votar más por el Partido Conservador, mientras que la costa atlántica lo ha hecho por la Partido Liberal. Desde hace años Bogotá exhibe poca fidelidad con los partidos tradicionales, decantándose por los así llamados candidatos independientes, como Mockus o Peñalosa. Sus últimos tres alcaldes han sido de izquierda, pese a tener records de gestión muy disímiles.

Tal vez los contrastes más notables son los que se presentan entre el altiplano (Boyacá y Cundinamarca), el distrito capital (Bogotá), y la zona caribe (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Sucre y La Guajira), donde se contabilizan 2,5, 5 y 6,8 millones de sufragantes potenciales, respectivamente. Estos 14 millones de votantes equivalen al 43% del censo electoral.

Las diferencias son notorias entre las poblaciones de la costa y las del altiplano – especialmente en centros urbanos de entre 70,000 y 200,000 habitantes. Tomando 9 ciudades costeras (Tierralta, Sahagún, Lorica, Maicao, Cereté, Malambo, Magangue, Ciénaga y El Cármen de Bolívar) y 8 del altiplano (Tunja, Duitama, Sogamoso, Chía, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá y Chiquinquirá), con un total poblacional de 2 millones de habitantes de los cuales 540,000 votaron en las elecciones legislativas del pasado marzo, destacan los siguientes patrones:

  1. Un abstencionismo más pronunciado en el altiplano que en la costa (53% contra 47%).
  2. Un dominio electoral del santismo, entendido como la suma de los votos por el Partido de La U y por Cambio Radical, que alcanza la mayoría absoluta, 53,3% en la costa; frente al modesto desempeño del uribismo en esta región, donde el Centro Democrático apenas alcanza el 6,2% de la votación. Si el país votara en los comicios presidenciales como lo hizo la costa en las elecciones legislativas, Santos podría ser reelegido en primera vuelta.
  3. Una estrecha ventaja que tiene el Centro Democrático en el altiplano, con el 20% de los votos, sobre el santismo, que recoge el 18,3%.
  4. El voto en blanco en el altiplano es el más alto registrado en el país, 15.3%; comparado con el bajísimo nivel marcado en la costa, 1.6%.

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En síntesis, si las elecciones legislativas ofrecen una aproximación a las votaciones presidenciales de mayo, es de esperar una amplia victoria del presidente Santos en virtud de tres razones. Primero, que en la costa los potenciales sufragantes saldrán a votar más que en el altiplano, y que lo harán mayoritariamente por Santos. Segundo, que el margen que abre la costa entre Zuluaga y el presidente no se recorta de manera sustancial con la victoria del primero en Boyacá y Cundinamarca. Tercero, que el desafecto de los cundiboyacenses por el actual gobierno, al traducirse en buena parte en votos en blanco, mantiene la distancia de Santos sobre Zuluaga.

 

Zuluaga asoma como rival de Santos en segunda vuelta

Encuestas publicadas la última semana indican que es muy probable un segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia. Juan Manuel Santos, quien sigue al frente de las intenciones de voto en todos los sondeos — con un rango que va entre 23% y 32% — será uno de los candidatos que aparezca en la papeleta de votación, pese a que a 23 días de los comicios un paro agrario que se lleva a cabo en zonas del Huila, Boyacá y Cundinamarca representa una amenaza para la campaña del candidato oficialista.

El contendor de Santos no esta aun definido, no obstante el reciente despegue de la candidatura de Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático. Según las encuestas Gallup e Ipsos, las intenciones de voto para Zuluaga alcanzan el 15% y 20,5%, respectivamente, frente a 11% y 10,1% de las preferencias ciudadanas capturadas por el candidato del Partido Alianza Verde, Enrique Peñalosa.

Si bien estos datos ponen fin al empate técnico, que por semanas se ha presentado entre estos dos candidatos (con márgenes de error del 3%) no ocurre así con los guarismos del Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de Datexco, que otorgan a Zuluaga una ventaja más estrecha sobre Peñalosa, entre 0,3% y 1%.

Ninguna salida en falso de Peñalosa, ni ningún anuncio audaz o logro importante de la campaña de Zuluaga ocurrieron en días pasados como para explicar la caída del candidato verde y el auge del aspirante uribista. Si bien es cierto Peñalosa generó noticias negativas con respecto a unas declaraciones descontextualizadas relacionadas con prejuicios racistas, estas no fueron difundidas en masa ni como primicia por los medios de comunicación. Su descenso probablemente está ligado con el hecho de que encuestas recientes, como la de Gallup, miden mejor las preferencias de los ciudadanos en zonas rurales; así como que Datexco, que en sondeos anteriores sobredimensionó el peso electoral de Bogotá y de las ciudades , y por ende del candidato verde modificó sus técnicas de recolección de datos, eliminando el sesgo hacia el estrato medio-urbano que hacía más fuerte al exalcalde.

Entre tanto, los 3 o 4 puntos porcentuales de más que captura Zuluaga tienen diferentes orígenes, según la encuesta. Por ejemplo, en el sondeo realizado por Gallup, estos pueden venir del declive en el voto en blanco, que si bien sigue alto (16%), hace dos meses registraba 28%, y en marzo 20%. En el caso del CNC, el incremento de Zuluaga puede ser resultado del descenso de los indecisos, que pasó del 10% a comienzos de abril a 5% la semana pasada.

Si bien hay que reconocer que la caída tanto del voto en blanco como de los indecisos de forma no proporcional entre todos los candidatos parece extraña, es consistente con el notable florecimiento en imagen y reconocimiento de Zuluaga en el último mes. La opinión favorable del candidato del Centro Democrático fue la única en mejorar, al subir 7 puntos del 34% al 41%, mientras que las de los demás candidatos bajaron o se mantuvieron estables.

Las encuestas realizadas por el CNC y Gallup además señalan un ligero repunte de la candidata del partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, registrando el 10% y 11,2% de la intención de voto, respectivamente. Mientras tanto, las preferencias por Clara López, de la alianza Polo Democrático y Unión Patriótica, persisten entre el 6% y 9,6%.

A un mes de las elecciones presidenciales

La restitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, así como algunos conflictos surgidos en la coalición oficialista marcaron el acontecer político en Colombia. A un mes las elecciones presidenciales, no se difundieron nuevos sondeos de opinión pública. Sólo la proyección del voto en blanco, publicada por Tresquintos agregó nuevos elementos de análisis esta semana.

Sin embargo, al interior del santismo sondeos internos revelados por el portal colombiano, La Silla Vacía, habrían mostrado que Juan Manuel Santos continúa al frente de las preferencias ciudadanas con un 32% de los votos, seguido del candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, con 14% y Enrique Peñalosa, del Partido Verde, con 13%. Estos últimos porcentajes son prácticamente iguales a los que publicó Cifras y Conceptos el 31 de marzo (teniendo en cuenta los márgenes de error). En tanto, las preferencias por Santos son moderadamente más altas que las mostradas recientemente por el Centro Nacional de Consultoría, entre 23% y 27%. Por último, el porcentaje de los indecisos, alcanzaría el 10%.

Uno de los elementos más destacados del análisis oficialista es el supuesto repunte de Santos, que sorprende si se contrasta con los acontecimientos políticos que han afectado al gobierno y su campaña reeleccionista en días pasados. Por un lado, la restitución del alcalde de Bogotá por orden de un juez hizo ver la decisión tomada por el primer mandatario — de no acatar la recomendación de suspender el proceso hecha por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en marzo — como errada e inocua. Por otra parte, el malestar y los conflictos registrados al interior de la coalición oficialista entre congresistas liberales, representantes de Cambio Radical y las directivas de la campaña, no se estarían suscitando si el optimismo y la confianza reinaran en el equipo santista a solo un mes de los comicios.

Las campañas de los candidatos que pelean por el tiquete a la segunda vuelta siguen sin despegar, pese a que ninguna encuesta indica que Santos obtendrá la mayoría absoluta el 25 de mayo. La candidatura de Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, ha centrado el debate político sobre la convención del partido en la cual fue elegida y sobre la que el Consejo Nacional Electoral emitirá un juicio próximamente, que de ser negativo podría poner fin a sus aspiraciones presidenciales.

En tanto, declaraciones sustanciales hechas por Enrique Peñalosa, quien en un eventual gobierno no estaría dispuesto a firmar un comercial con Corea del Sur (que se está negociando actualmente) o que la candidata del Polo Democrático, Clara López, quien se opondría a las importaciones de café de ser electa presidenta, pasan completamente desapercibidas por los principales medios colombianos, se relegan a notas marginales o curiosidades de campaña, pese a que éstas revelan posiciones políticas e ideológicas con implicaciones de cierto calibre.

Peñalosa ha acaparado más portadas por supuestas declaraciones racistas (descontextualizadas). En una entrevista en la Revista Bocas, Peñalosa, en la que indicó: “Trabajé más de dos años como obrero raso en una construcción, tan raso, que era el único no negro de la obra”. Las declaraciones le valieron dos días de mala prensa y la increpación de la fundación CHAO Racismo.

Finalmente, la anunciada estrategia ausentista de Santos y de Peñalosa en los debates presidenciales, sumada a una probable reproducción de noticias alrededor del paro agrario programado para el lunes 28 de abril, la muy factible impugnación de la medida que restituye al alcalde Petro — además del renacer de una revocatoria de su mandato por la vía plebiscitaria — y el reinicio de los diálogos de paz en Cuba, auguran el dominio de los espacios mediáticos por el candidato oficialista.

Santos sigue en la punta

El presidente y candidato del oficialismo Juan Manuel Santos registra una intención de voto de 27% en la encuesta publicada el pasado lunes por el Centro Nacional de Consultoría (CNC). En tanto, Enrique Peñalosa, del partido Alianza Verde y Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático, se pelean por el segundo lugar y el pase a la segunda vuelta en junio con el 17% y 15% de las preferencias ciudadanas, respectivamente. Estos guarismos equivalen a un empate técnico entre los dos aspirantes. La leve tendencia a la baja en la intención de voto por Santos registrada en las últimas tres semanas se mantiene.

Los porcentajes de votación que obtienen todos los aspirantes siguen sin mostrar altibajos importantes: el gobierno del presidente Santos no logró capitalizar políticamente la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro y, de hecho, es posible que la próxima semana tenga que restituirlo en el cargo, según lo determine el Consejo de Estado. Las medidas del gobierno dirigidas a contener la amenaza de un segundo paro agrario solo han logrado prevenir una caída más fuerte en la popularidad del primer mandatario, quien además ha tenido que resistir duras críticas sobre proceso de paz hechas por el expresidente Álvaro Uribe, como por el candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga.

Sin embargo, Santos continúa perfilándose como el más probable ganador de la elección presidencial. Las razones que explican el liderazgo del candidato oficialista han sido dilucidadas en parte, tras el análisis de los datos de otra encuesta hecha por el CNC. El sondeo consultó a los ciudadanos respecto a las características que prefieren encontrar en un candidato presidencial: visión de futuro, honradez, respeto por la democracia, que impulse el bienestar económico y respete la democracia son algunos de los rasgos más importantes registrados por la encuesta. Los resultados del sondeo muestran a Santos como el candidato que más se acerca a dichos ideales. Destacan el respeto por la democracia y tener una visión de futuro para el país. Percepciones como estas son poco susceptibles de cambiar en el corto plazo y ayudan a entender por qué Santos lidera las encuestas.

Respecto al voto blanco, comparado con los niveles marcados en marzo, continúa su tendencia a la baja ubicándose en el 9%. Los escasos puntos porcentuales de más que muestran Peñalosa y Zuluaga probablemente se originen en votantes que antes se inclinaban por el voto en blanco o en aquellos que están saliendo del rango de los indecisos. Encuestas realizadas en marzo por Ipsos y el CNC registraban a los indecisos representando el 19% y 13% respectivamente, mientras que en el sondeo del pasado lunes este grupo representaba el 10%.

La Semana Santa y la muerte del nobel Gabriel García Márquez el pasado jueves eclipsarán las noticias de campaña en los próximos días. Después del receso, y prácticamente a un mes de las elecciones, la carrera por la presidencia entra en su recta final.

Petro, la paz y el paro

La intención de voto en las encuestas que están por venir estarán marcadas por acontecimientos ligados a tres temas de gran visibilidad mediática: el proceso de paz con la guerrilla de las FARC, la amenaza de un segundo paro agrario y la posible restitución del ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Dichos temas incidirán directamente en el gobierno y por consiguiente en el aspirante a la reelección por el partido de La U, el presidente en ejercicio, Juan Manuel Santos.

El candidato oficialista enfrenta una situación compleja. Sin titubear en su apuesta por la salida negociada al conflicto con la guerrilla, el presidente Santos declaró que iba a “jugársela por la paz hasta el último día de su vida”, agregando que ahora lo pensaría dos veces antes de dar de baja a Timochenko, el legendario cabecilla de las FARC.

Si bien, el proceso de paz ha sido uno de los emblemas del oficialismo, la defensa del proceso afronta dos retos que afectan la opinión de los electores en plena campaña: primero, la intensificación de acciones militares contra la fuerza pública por parte de la guerrilla socava el apoyo ciudadano al proceso. En las últimas semanas tres policías fueron asesinados en una emboscada en Caquetá, dos más fueron secuestrados, torturados y ultimados en Nariño y dos militares murieron en un atentado en el Amazonas. Según Cifras y Conceptos, el porcentaje de colombianos que cree que las acciones militares son la mejor solución en la lucha contra las FARC subió del 25% al 34% entre enero y finales de marzo, mientras que los que creen que el mejor camino es la negociación política, cayó del 39% al 30%.

Segundo, la vulnerabilidad que genera sostener los diálogos de paz y por otra parte combatir a la guerrilla hace que Juan Manuel Santos sea un blanco fácil para sus contendores en la carrera presidencial. El opositor, y candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, acusó recientemente al mandatario de ser “débil e incompetente”. Asimismo y en relación con las dudas de si dar o no de baja a Timochenko, Zuluaga sostuvo que un presidente que vacila capturar al máximo jefe del narcotráfico y el terrorismo, no puede reelegirse.

Otra de las amenazas contra Santos es la posibilidad de un nuevo paro agrario, que el año pasado bloqueó importantes vías de comunicación. La movilización despertó la solidaridad de los urbanitas colombianos con las causas campesinas, y por consiguiente le significó al presidente Santos el descalabro más notable en su popularidad. Ante la acción agraria, el gobierno reaccionó ampliando créditos, garantizando precios y prometiendo auxilios. Las medidas parecen haber apaciguado a los cafeteros, arroceros y cacaoteros. Pese a estos esfuerzos hay sectores que aseguran seguir en problemas. Los movimientos sociales del campo en sintonía con la opinión favorable del electorado urbano pueden causar problemas, esta vez, irreversibles a la campaña re-eleccionista.

Por último, la saga de la alcaldía de Bogotá suma otro capítulo: los efectos de la polémica decisión tomada por el presidente Santos de no acatar las medidas cautelares recomendadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En marzo, el organismo solicitó suspender la destitución del alcalde Gustavo Petro. Esta vez, la decisión de gobierno podría verse anulada si el Consejo de Estado decide restituir al burgomaestre, una sentencia que se espera después de Semana Santa. El presidente Santos, quién tendría pocas opciones ante el Alto Tribunal, ya anunció que acataría cualquier decisión que determine el ente. El posible regreso de Petro a la alcaldía no solo hará ver inocuas las acciones del presidente, sino que rehabilita la voz pública del alcalde y revitaliza la retórica anti-santista.