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Elecciones Locales: El Fin de una Era

Treinta y tres millones de colombianos tendrán opción de votar en las elecciones locales el próximo 25 de octubre. Con más de 114,000 candidatos aspirando liderar municipios y departamentos desde gobernaciones, alcaldías municipales, asambleas departamentales, concejos, y juntas de acción local, estas elecciones batirán los records de participación de candidatos inscritos. Los comicios, sin embargo, revisten de mayor interés por otras razones. Primero, porque la reconfiguración de poderes políticos locales influirá las posiciones de los colombianos frente a los acuerdos de paz que se logren con la guerrilla de FARC en La Habana, acuerdos que deberán ser refrendados mediante un mecanismo representativo/participativo – aun por establecer. Y segundo, debido a la alta probabilidad de que las votaciones marquen un nuevo ciclo electoral.

Tres fenómenos en desarrollo prometen alterar el orden político vigente: el debilitamiento de la izquierda, el encumbramiento del partido Cambio Radical, y el debut del uribismo a nivel local.

La izquierda recibirá un revés enorme de perder la alcaldía de Bogotá tras 12 años de gobierno consecutivo. Dos tipos de evidencia le auguran unos comicios complicados. Primero, una tendencia decreciente del respaldo capitalino después de la contundente victoria de 2003, cuando el principal partido de izquierda, el Polo Democrático Alternativo, obtuvo el 46.3% de los votos. En 2007, el Polo volvió a ganar, si bien con una votación menor, 43.7%, mientras que en 2011, el movimiento Progresistas del actual burgomaestre, Gustavo Petro, retuvo el despacho con apenas el 32.2% de los sufragios. Según encuestas recientes la destorcida continúa, al punto que esta vez habrá relevo en el Palacio de Liévano. La candidata del Polo para la alcaldía de Bogotá, Clara López, no figura como favorita en la intención de voto de ninguna de las encuestas realizadas durante las últimas 10 semanas – ni tampoco como segunda. Además, la alianza de López con el alcalde Petro no sumará votos de opinión. Petro tiene un 57% de imagen desfavorable entre los bogotanos (Ipsos 01/08/2015), y el 64% de éstos desaprueban su gestión (Gallup 01/07/2015). Como si fuera poco, el 80% de aquellos que afirman haber votado por él en las pasadas elecciones sostiene que su desempeño estuvo por debajo de las expectativas (Ipsos 01/08/2015). En breve, Petro es un aliado radioactivo.

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Otro fenómeno importante es el debut del Centro Democrático en elecciones locales. El partido del ex-mandatario, Álvaro Uribe Vélez, presidente, fundador y orientador de esta colectividad se estrena en una coyuntura política que le es singularmente adversa. Por un lado, el apretón de manos estrechado entre el presidente Santos y el líder de las FARC el pasado mes de septiembre en Cuba, sumado al anuncio histórico de firmar la paz en menos de seis meses, ha generado un momentum muy oportuno a favor de la apuesta del gobierno por la paz. Según datos recolectados por el CNC (07/10/2015) tras estos eventos, el 57% de los colombianos cree que el país va por buen camino, y el 59% tiene una imagen favorable del presidente Santos (las cifras en julio eran 32% y 41%; respectivamente). Además, el 65% se siente optimista frente a los diálogos de paz, el 73% dice aprobar la decisión del presidente de abrir dichos diálogos con la guerrilla, y el 79% sostiene que personalmente aprobaría los acuerdos de paz si de él/ella dependiera. Este creciente respaldo de la opinión al proceso reduce el espacio y la eficacia electoral del Centro Democrático, principal opositor del gobierno – y de las negociaciones. Aún más preocupante para el uribismo es que el optimismo de parte importante de la opinión respecto al fin del conflicto armado hace del eje de su estrategia electoral – el discurso beligerante, anti-subversivo – un medio obsoleto como mecanismo de movilización de los votantes hacia sus propuestas y candidatos. En resumen, la paz hoy es costosa para el Centro Democrático, electoralmente hablando.

Como si esto no bastara, el Centro Democrático en su condición de partido nuevo, opositor y minoritario, se ha visto prácticamente privado de “mermelada” para vigorizar sus campañas – “mermelada” es el colombianismo con que popularmente se denomina la práctica de movilizar el voto clientelar. Si el uribismo a punta de carisma es capaz de replicar los resultados alcanzados en las elecciones parlamentarias de 2014, (fue el segundo partido más votado para el senado, logrando casi un 20% de representación) su relevancia y continuidad estarán sólidamente resguardadas. Las encuestas, sin embargo, no vaticinan esto. De las 20 principales ciudades del país, el Centro Democrático lidera ampliamente las intenciones de voto solo en dos: Medellín y Manizales. La primera representa la base electoral de Uribe Vélez, y la segunda es la capital departamental de donde es oriundo, y ha hecho gran parte de su carrera política, el excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, actual director del partido.

Si los horizontes para la izquierda y el uribismo son oscuros, para quien luce prometedor el panorama es para Cambio Radical – partido del actual vice-presidente, Germán Vargas Lleras. Esta colectividad, de hecho, se perfila como la vencedora de los comicios. De las 10 ciudades más importantes hoy Cambio Radical gobierna en una, pero según sondeos del CNC, con candidatos propios y por medio de alianzas locales es probable que gane en al menos tres (Bogotá, Barranquilla, Cúcuta), y dispute reñidamente otras cinco (Cali, Ibagué, Soledad, Armenia y Tunja). De ratificarse estas tendencias en las preferencias ciudadanas el próximo 25 de octubre, Cambio Radical dejará de verse como el socio minoritario del actual gobierno de coalición que lidera La Unión Social Nacional de Santos, y se convertirá en el partido favorito para gobernar el próximo cuatrienio en derecho propio. Vargas Lleras, quien vox populi, es firme candidato a la presidencia en 2018, fue denunciado recientemente ante el Concejo Nacional Electoral desde la coalición misma por hacer proselitismo.

En resumen, las elecciones locales recalibrarán las fuerzas políticas colombianas. El debilitamiento de la izquierda, aunado a la adversa coyuntura que los avances en el proceso de paz encarnan para el uribismo, apuntan a que en estos comicios los extremos del espectro político obtendrán votaciones modestas. El centro, por el contrario, flexible, amorfo, y poco ideológico crecerá. En este espacio, la aproximación de Cambio Radical como relevo inminente del Partido de La U agitará el banderazo que selle el inicio del nuevo ciclo.

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¿Cómo votan en Bogotá?

Con Stefan Bauchowitz.

Con 5,2 millones de potenciales votantes la capital de Colombia representa el 16% del electorado nacional. La participación de los capitalinos en los comicios parlamentarios ha disminuido gradualmente desde 2002, cuando alcanzó 42,1%, hasta su punto más bajo registrado en 2013, cuando marcó el 35,5%. En las últimas elecciones legislativas, la diferencia entre la participación nacional y la bogotana fue de 8%. Sin embargo, Bogotá compensa su desinterés por elegir congresistas acudiendo a las urnas en masa para decidir presidentes.

Mientras que para las presidenciales la participación nacional en las últimas tres elecciones ha rondado el 48%, en Bogotá ha llegado a 56%. En 2010, la diferencia superó el 10%, cuando la participación a nivel nacional fue de 50% y la participación en Bogotá alcanzó 60%. El bajo abstencionismo aumenta el peso relativo de la ciudad en la arena nacional, pues si bien representa el 16% de potenciales votantes, tiene casi el 20% de los votantes efectivos.

Esta particularidad hace que utilizar las elecciones parlamentarias para hacer inferencias sobre las presidenciales sea particularmente arriesgado, en Bogotá.

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Además de la cuestión participativa, la capital es la plaza donde se concentran, en volumen al menos, votos de opinión y de izquierda muy importantes. Tanto el Partido Verde como el Polo Democrático tienen en Bogotá buena parte de sus músculos electorales. Los cuadros de abajo usan datos de la elección presidencial de 2010. Destacan cinco elementos:

  1. El santismo, representado en los votos por el Partido de La U, no puede desligarse del fuerte elemento uribista que lo integraba entonces, cuando Santos era aliado íntimo de Álvaro Uribe y se convirtió en heredero político y electoral del saliente mandatario.
  2. Si bien teniendo en cuenta que la votación por el Partido de la U en 2010 equivalía en buena medida a la votación por el uribismo, Bogotá era la región, dentro del uribismo, menos inclinada a favor de Santos. Esto podría ser favorable para Santos hoy, ahora que Santos y Uribe son enemigos irreconciliables.
  3. Cambio Radical, cuyo líder y fundador es Germán Vargas Lleras (actual candidato a vicepresidente de Santos), tiene su fortín político en Bogotá.
  4. Bogotá es por excelencia la plaza del partido Verde. Lo fue en 2010 cuando el candidato presidencial era Antanas Mockus y obtuvo el 27% de los votos, y lo es hoy con Enrique Peñalosa, quien registra una intención de voto de 23,6%, según una encuesta de Gallup. Peñalosa, según esta encuesta, ganaría en Bogotá.
  5. La izquierda política tiene en Bogotá una larga tradición y mantiene una cuota de la votación importante, que solo es superada en elecciones a presidente por las votaciones en la costa atlántica. En 2006, el candidato del Polo Democrático recibió el 23% de la votación capitalina, en lo que fue prácticamente una contienda entre dos aspirantes; mientras que en 2010, Gustavo Petro obtuvo el 9%. Este guarismo coincide exactamente con la intención de voto registrada por la candidata Clara López a una semana de los comicios.

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Resumiendo, Bogotá define una quinta parte de los votos nacionales. Si bien el santismo dista mucho de ser una fuerza dominante, el alto fraccionamiento del electorado bogotano entre fuerzas independientes, de izquierda, y posiblemente también de inconformes (voto en blanco), jugará a favor del presidente-candidato.

 

¿Cómo votan en regiones?

Con Stefan Bauchowitz

Es evidente que hay importantes diferencias electorales al interior de Colombia. Históricamente, el altiplano y la zona cafetera han tendido a votar más por el Partido Conservador, mientras que la costa atlántica lo ha hecho por la Partido Liberal. Desde hace años Bogotá exhibe poca fidelidad con los partidos tradicionales, decantándose por los así llamados candidatos independientes, como Mockus o Peñalosa. Sus últimos tres alcaldes han sido de izquierda, pese a tener records de gestión muy disímiles.

Tal vez los contrastes más notables son los que se presentan entre el altiplano (Boyacá y Cundinamarca), el distrito capital (Bogotá), y la zona caribe (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena, Sucre y La Guajira), donde se contabilizan 2,5, 5 y 6,8 millones de sufragantes potenciales, respectivamente. Estos 14 millones de votantes equivalen al 43% del censo electoral.

Las diferencias son notorias entre las poblaciones de la costa y las del altiplano – especialmente en centros urbanos de entre 70,000 y 200,000 habitantes. Tomando 9 ciudades costeras (Tierralta, Sahagún, Lorica, Maicao, Cereté, Malambo, Magangue, Ciénaga y El Cármen de Bolívar) y 8 del altiplano (Tunja, Duitama, Sogamoso, Chía, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá y Chiquinquirá), con un total poblacional de 2 millones de habitantes de los cuales 540,000 votaron en las elecciones legislativas del pasado marzo, destacan los siguientes patrones:

  1. Un abstencionismo más pronunciado en el altiplano que en la costa (53% contra 47%).
  2. Un dominio electoral del santismo, entendido como la suma de los votos por el Partido de La U y por Cambio Radical, que alcanza la mayoría absoluta, 53,3% en la costa; frente al modesto desempeño del uribismo en esta región, donde el Centro Democrático apenas alcanza el 6,2% de la votación. Si el país votara en los comicios presidenciales como lo hizo la costa en las elecciones legislativas, Santos podría ser reelegido en primera vuelta.
  3. Una estrecha ventaja que tiene el Centro Democrático en el altiplano, con el 20% de los votos, sobre el santismo, que recoge el 18,3%.
  4. El voto en blanco en el altiplano es el más alto registrado en el país, 15.3%; comparado con el bajísimo nivel marcado en la costa, 1.6%.

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En síntesis, si las elecciones legislativas ofrecen una aproximación a las votaciones presidenciales de mayo, es de esperar una amplia victoria del presidente Santos en virtud de tres razones. Primero, que en la costa los potenciales sufragantes saldrán a votar más que en el altiplano, y que lo harán mayoritariamente por Santos. Segundo, que el margen que abre la costa entre Zuluaga y el presidente no se recorta de manera sustancial con la victoria del primero en Boyacá y Cundinamarca. Tercero, que el desafecto de los cundiboyacenses por el actual gobierno, al traducirse en buena parte en votos en blanco, mantiene la distancia de Santos sobre Zuluaga.

 

La primera victoria de Santos

El presidente Juan Manuel Santos logró una estrecha victoria en las elecciones legislativas del pasado domingo, luego que el oficialista Partido de la U consiguiera un 15,6% de los sufragios. Esto le facilitaría a Santos el control del Congreso si finalmente es reelecto en Mayo.

Fue la primera elección donde el oficialismo midió fuerzas con el Centro Democrático, la nueva plataforma política del ex presidente Álvaro Uribe, partido que consiguió 14,3% de los sufragios. Mientras que el partido de Santos obtuvo 21 curules en el Senado y 37 curules en la Cámara de Representantes, el partido de Uribe obtuvo 19 curules en el Senado y 12 curules en la Cámara de Representantes.

Tras la elección, la conformación de fuerzas al interior del Congreso muestra que los Liberales – quienes apoyan a Santos y consiguieron 13,6% de los votos ‒ tendrán 17 senadores y 39 representantes en la Cámara baja. En tanto, los Conservadores ‒ que consiguieron un 12,2% de los sufragios ‒ los seguirán de cerca con 19 senadores y 27 representantes en la Cámara baja.

Si el actual mandatario repite la coalición de gobierno de 2010, con el Partido Liberal, el Partido Conservador y Cambio Radical (este último consiguió un 7% en las legislativas), su mayoría en el Congreso será amplia. Por tanto, los acuerdos a los que pudiese llegar en el proceso de paz con la guerrilla en La Habana tendrían mayor probabilidad de llegar a buen puerto.

Otro de los puntos destacados fue la alta votación registrada en favor en la Alianza Verde, que logró cerca de 4 millones de votos. Dicho conglomerado realizó una consulta abierta para elegir a su candidato presidencial. El ex-alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa se erigió como la figura que representará a los verdes en la elección de mayo. Sin embargo, el panorama no se ve sencillo al interior del partido. John Sudarsky, un precandidato perdedor en la consulta, anunció que “no le cargará el megáfono” a Peñalosa, pues considera que fueron los votos de Uribe los que lo eligieron. En tanto, Camilo Romero, el otro precandidato, también dejó entrever sus dudas con el Peñalosismo.

Las elecciones registraron 14,3 millones de votos, un 43,6% del potencial electoral. Cerca de 750.000 electores votaron en blanco (5,2%) y casi 1,5 millones de sufragios (10,4% para el Senado y 12,2% para la Cámara) fueron anulados. Este último número se explica en parte por la presentación simultánea de listas cerradas y abiertas que dificultan las selecciones en el tarjetón. A esto se suma la confusión que provocaron campañas, en las que evocando el nombre de un líder político y su partido, se invitaba a votar por otro. El tarjetón para las presidenciales es más simple, y Uribe, el candidato en el ojo del huracán no corre en la carrera presidencial.

Teniendo en cuenta que los Liberales no presentarán candidato propio (irán con Santos), que el líder natural de Cambio Radical ‒ Germán Vargas Lleras ‒ es la fórmula vice-presidencial del mandatario en ejercicio, que los Conservadores están divididos entre los Santistas y los seguidores del candidato oficial del partido, y que el Uribismo estuvo lejos de arrasar en las elecciones legislativas como muchos esperaban, aumenta la probabilidad de una victoria para Santos.

Colombia: Sistema Electoral y Sistema de Partidos

Sistema Electoral

Entre 1958 y 1990 el Presidente de Colombia fue elegido con la mayoría relativa de los votos. Desde 1994, la Constitución establece el Presidente es elegido con la mayoría absoluta de los votos. Si ninguno de los candidatos alcanza más de 50% más uno de los votos, los dos candidatos más votados van a una segunda vuelta para elegir al presidente.

La ley dispone que la primera vuelta de la elección presidencial se debe repetir si los votos en blanco constituyen mayoría absoluta en relación a los votos válidos.

La duración del mandato presidencial es de cuatro años, pero desde 2003 se permite la relección consecutiva limitada a un período adicional.

La rama legislativa es bicameral. En la Cámara alta se eligen 100 senadores en una circunscripción nacional y dos senadores en una circunscripción especial para indígenas. En la Cámara baja se eligen 161 diputados en 33 distritos departamentales y la ciudad capital y cinco diputados en dos circunscripciones especiales para minorías (cuatro escaños) y para colombianos residentes en el exterior (un escaño). Los periodos de los congresistas son de cuatro años con posibilidades de relección inmediata e indefinida.

Las elecciones presidenciales y legislativas no son concurrentes desde 1978.

A partir de 2003, los partidos políticos sólo se pueden presentar con listas únicas para cada corporación pública, aunque cada partido decide si la lista es cerrada o con voto preferente. Esta reforma se promovió con el propósito de despersonalizar el voto del candidato y guiarlo más hacia su partido debido a que Colombia figuraba como unos de los países más atractivos para cultivar el voto personal.

El personalismo aún domina la escena electoral, particularmente en zonas rurales. En prácticamente todos los partidos políticos priman las figuras por sobre el programa. Gracias a la descentralización político-administrativa en marcha desde los años 90, las clientelas locales-municipales han adquirido más fuerza. Algunos analistas se atreven a hablar de que este fenómeno está desinstitucionalizando el sistema de partidos.

Desde 1991 cada partido político debe alcanzar un umbral para mantener su personería jurídica (2% de los votos válidos para el Senado, y 50% de la cuota electoral para la Cámara). En 2009 el umbral se elevó al 3%, y se introdujo la llamada “silla vacía”, regulación que no permite el reemplazo de un congresista si a éste se le vincula dentro de un proceso penal por delitos de lesa humanidad o delitos relacionados con narcotráfico o promoción, financiación y pertenencia a/de grupos armados ilegales. En 2011 se dispuso que en la conformación de las listas se garantizara la participación de uno de los dos géneros en al menos un 30%.

En 2003, una reforma política reemplazó la fórmula electoral aplicada desde 1975 para la repartición de escaños, que dentro del sistema de representación proporcional utilizaba el procedimiento de cociente electoral y residuos (sistema Hare) por el método de la  cifra repartidora (sistema D´Hondt). En un contexto de debilitamiento de los partidos políticos tradicionales, y de la elección en 2002 de un presidente independiente por primera vez, fue que esta medida se diseñó por los partidos tradicionales y la izquierda opositora con el ánimo de fortalecer el valor del prestigio y buen nombre de sus partidos.

Sistema de Partidos

Desde mediados del siglo XIX hasta finales de los noventas, el Partido Conservador y el Partido Liberal dominaron la política colombiana. Esta supremacía bipartidista se explicaba, entre otros factores, por la ausencia de partidos socialistas de masas, la composición multi-clasista del bipartidismo, la legitimidad política (que le otorgaron y renovaron las urnas una y otra vez) y la eficacia con que redistribuían empleos, bienes, favores y decisiones públicas entre las élites regionales y sus seguidores, es decir clientelismo extensivo. El bipartidismo en el siglo XX no fue solo movilización electoral, sino también la “institución nacional más fundamental”, pues desplegaba grandes capacidades de poder: símbolos, violencia y recursos económicos.

La hegemonía de Conservadores y Liberales llegó a su fin en el ciclo electoral de 2002, con la entrada de nuevos partidos al Congreso. El número efectivo de partidos en la Cámara de Diputados pasó de dos en 1974 a cinco en 2010.

El multipartidismo es una característica esencial y relativamente nueva del sistema de partidos colombiano. Además de Conservadores y Liberales, hoy figuran el Partido Social de la Unión Nacional (Partido de la U), del actual presidente Juan Manuel Santos; Cambio Radical; Opción Ciudadana, anteriormente Partido de Integración Nacional; Polo Democrático Alternativo; Alianza Verde; y el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA). A este grupo se suma la Unión Patriótica (UP), el cual recuperó su personería jurídica en 2013.

Financiamiento Electoral

Desde 1991 el financiamiento de las campañas electorales es mixta. Por un lado, el Estado aporta de forma directa con recursos para partidos y movimientos políticos con personería jurídica ante el Consejo Nacional Electoral. Los recursos se hacen efectivos por medio de anticipos y mediante la reposición de votos siempre que el candidato alcance un umbral fijado por la Ley (para la elección presidencial dicho umbral es del 4% de los votos válidos).

Por otro lado, el Estado aporta de forma indirecta. Este aporte se concreta mediante el acceso a espacios en radio y televisión que se facilitan a los candidatos aplicando criterios de igualdad y representatividad en los medios de comunicación públicos. La ley también establece topes a las sumas a invertir en las campañas electorales.

De acuerdo al Consejo Nacional Electoral, para la primera vuelta de la elección presidencial de 2014 los límites serán de US$ 6,6 millones ($13.500 millones de pesos colombianos) para el mandatario en ejercicio y de US$ 9,9 millones ($20.300 millones de pesos colombianos para los candidatos aspirantes.