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Una elección con fallo fotográfico

Las alianzas y guiños hacia quienes están fuera de competencia han emparejado la contienda presidencial en Colombia, una elección reñida a juzgar por los sondeos electorales.

Encuestas publicadas el pasado fin de semana ratifican que la elección presidencial está abierta. El último sondeo realizado por Ipsos da como ganador a Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, con un 49% de las intenciones de voto, frente a 41% en favor de Juan Manuel Santos, candidato del partido de La U. Por el contrario, los números publicados por Cifras y Conceptos muestran a Santos adelante de Zuluaga con un 43% vs. 39%. Datexco replica la misma tendencia, con un 42% para Santos y 38% para Zuluaga. Finalmente, con márgenes de error de 2,2% para el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de 3% para Gallup, las encuestadoras entregan un empate técnico entre ambos candidatos.

Una visión de conjunto de estos guarismos sugiere una tendencia en la que el presidente Santos habría recortado la distancia de más de 4 puntos porcentuales que Zuluaga le sacó en la votación real de la primera vuelta. Las causas de este reposicionamiento estarían relacionadas precisamente con las alianzas y guiños que partidos y candidatos hicieron recientemente. Según Gallup, a nivel nacional 4 de cada 5 de las personas que en primera vuelta votaron por Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) dicen que sufragarán por Zuluaga en segunda vuelta, candidato al que Ramírez adhirió oficialmente. En tanto, 3 de cada 4 de los votantes que eligieron la candidatura de Clara López (Polo Democrático) harán lo propio por Santos el próximo domingo y aún más importante, así también ocurriría con 2 de cada 3 de los ciudadanos que votaron por Enrique Peñalosa (Partido Verde).

A las matemáticas de las alianzas electorales hay que sumarle la influencia de los medios de comunicación y de los líderes de opinión, quienes en el agregado se han decantado por la opción reeleccionista. Según el portal La Silla Vacía, los dos diarios de circulación nacional, El Tiempo y El Espectador; el semanario más importante de Colombia, Revista Semana; y las cadenas de noticias privadas dominantes en el mercado televisivo colombiano, Caracol y RCN, abierta o discretamente decidieron respaldar a Santos.

El factor más crítico el próximo domingo será la movilización del “voto estratégico”, es decir de aquellos no santistas que renuentemente intentarán reelegir al presidente con el fin de evitar que sea el candidato uribista quien gane. Dados los pesos y diferencias regionales, este voto será decisivo en la capital del país, Bogotá, donde la participación en comicios presidenciales suele ser más alta que el promedio nacional y donde cerca de 1,3 millones de votantes tendrán que repensar por quién sufragar entre opciones que en primera vuelta no representaban sus preferencias.

La incógnita sobre quién controlará la Casa de Nariño por los próximos cuatro años está a punto de terminar, y todo indica que será con fallo fotográfico. ¿Continuidad o el cambio? Los colombianos tienen la decisión en sus manos.

Tiempo de alianzas

Los escándalos que marcaron los cierres de las campañas de Santos y Zuluaga en primera vuelta parecen haberse enterrado y hoy los candidatos se enfocan en tejer alianzas, a poco más de una semana de la elección presidencial.

Desde el terreno predictivo, según la encuesta divulgada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) el pasado martes la intención de voto por el candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga es de un 47%, frente a un 45% registrado por el presidente-candidato, Juan Manuel Santos. En tanto, el voto en blanco captura el 6% de las preferencias, un descenso notable comparado con el 15% marcado en el sondeo publicado por Cifras y Conceptos el 29 de mayo.

Los votos que en primera vuelta se decantaron por candidatos diferentes de Santos y Zuluaga suman casi 5 millones; es decir, el 40% de los sufragios válidos. Por tal motivo, los equipos de campaña de los aspirantes al sillón presidencial cesaron el intercambio de acusaciones relacionadas con financiamiento e interceptaciones ilegales y se dedicaron a buscar el respaldo de los que no llegaron al balotaje.

Si bien en el sistema presidencialista colombiano, donde el voto por la persona prima sobre el voto por el partido, las preferencias no son íntegramente endosables, las coaliciones partidistas que se pacten y los guiños personales que se hagan definirán el próximo presidente de la república.

De manera oficial, la aspirante por el Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, adhirió a la campaña de Zuluaga con el respaldo del directorio nacional y sobre las bases de un acuerdo programático. Sin embargo, en la práctica ese conglomerado había llegado dividido a la primera vuelta, pues un sector importante de congresistas –entre ellos sus mayores electores– estaba alineados con Santos. El “ala santista” del conservadurismo reconfirmó su apoyo a la reelección del mandatario la semana pasada.

En la alianza de la izquierda, Aída Abello, líder de la Unión Patriótica, pidió a sus seguidores respaldar a Santos para darle continuidad al proceso de paz que el gobierno adelanta con la guerrilla de las FARC en Cuba. Entre tanto, las directivas del Polo Democrático acordaron dejar en libertad a sus electores para escoger entre Santos y Zuluaga. A título personal, la candidata Clara López anunció abiertamente su apoyo al presidente y está haciendo campaña a su lado en la capital del país, fortín electoral de la izquierda política. Un grupo de congresistas del Polo Democrático pidió a sus seguidores votar en blanco.

Por otra parte, Enrique Peñalosa y su colectividad (Partido Verde), también se abstuvieron de pedir a sus votantes inclinarse por uno u otro candidato para el balotaje, aunque Peñalosa aclaró que no votará en blanco. Vale la pena destacar que un sector del partido Verde representado por el precandidato presidencial John Sudarsky expresó su respaldo a Santos.

Tras estas alianzas las fuerzas están repartidas. El reciente respaldo de varios expresidentes a las campañas está haciendo notar a la opinión que estaba adormecida la importancia de lo que está en juego. Las encuestadoras tienen dos días para divulgar sus últimas mediciones antes de que la veda entre en rigor.

La carrera por la presidencia está abierta

A nueve días de los comicios en Colombia, dos sondeos de opinión pública mostraron cifras que dejan absolutamente abierta la competencia por el control de la Casa de Nariño y que hasta hace algunas semanas era liderada con tranquilidad por Juan Manuel Santos.

Según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático) lidera la intención de voto con el 24%, mientras que el presidente Santos (Partido de La U) aparece en segundo lugar con el 22%. En tanto, la encuesta de la firma Infométrika indica que Santos alcanza el 31,3% de intención de voto manteniendo una ligera ventaja sobre Zuluaga, quien registra el 29,6%. Los márgenes de error en el muestreo son de 2,5% para CNC y de 5,1% para Infométrika.

La primera conclusión tras el análisis de dichas encuestas es que Colombia, a poco más de una semana de la elección, no tiene un ganador claro. Segundo, lo que sí corroborarían las cifras es que los pases para la segunda vuelta ya están definidos, pues Enrique Peñalosa, candidato del Partido Verde, ha sido relegado en las intenciones de voto a un distante tercer lugar, recogiendo solo entre el 10% y 13% de las intenciones de voto.

El factor inmediato a considerar y que explica la variación numérica de las encuestas son dos escándalos que estallaron a comienzos de la semana pasada en torno a las candidaturas de Santos y Zuluaga (ver Escándalos con efecto político) y la serie de acusaciones que han volado de una campaña a otra desde entonces.

Buena parte del alza en la intención de voto por Zuluaga antecede el escándalo, ya que una encuesta publicada por el CNC el 5 de mayo ya daba a Zuluaga 22% de la intención de voto (ver encuesta). En el caso del sondeo de Infométrika, la fecha de recolección de datos — 3 al 6 de mayo — no alcanzaría a considerar las reacciones de los electores frente a los escándalos, pues los acontecimientos más importantes ocurrieron en los días siguientes.

Solamente la encuesta del pasado lunes del CNC refleja las preferencias de voto tras las revelaciones que enlodan a estos dos candidatos y a sus campañas, siendo prematuro emitir juicios certeros sobre su impacto. Por tanto, la sorpresa no es el auge de Zuluaga sino la baja de Santos, quien en la serie de sondeos de CNC ha visto caer sus preferencias del 26% al 22% entre las encuestas publicadas el 29 de abril y el pasado lunes.

Lo que queda sin explicar — de mantenerse esta tendencia — es por qué los escándalos afectaron la campaña de Santos pero no la de Zuluaga.

El tiempo para revertir el efecto negativo sobre la intención de voto a favor del candidato oficialista se agota y al parecer, el resultado en las urnas será el mejor test para cuantificar el verdadero impacto sobre la continuidad de Juan Manuel Santos en el poder.

Santos y Zuluaga en la recta final

Por primera vez en la carrera por la presidencia aparece una encuesta en donde no hay un ganador claro. Adicionalmente dos escándalos vinculados a las candidaturas de Santos y Zuluaga amenazan con impactar la percepción de los votantes colombianos a 15 días de la elección.

Según el último sondeo divulgado por el Centro Nacional de Consultoría (CNC), las intenciones de voto ciudadanas registradas por el candidato oficialista, Juan Manuel Santos (Partido de La U), y el aspirante uribista, Oscar Iván Zuluaga (Centro Democrático), son demasiado próximas entre sí para decretar un puntero absoluto. Santos captura el 23% de la opinión, mientras que Zuluaga alcanza el 22%.

Si bien la encuesta del CNC confirma el despegue de la campaña de Zuluaga y el rezago de Enrique Peñalosa (Partido Verde), quién obtiene el 13% de las preferencias, otro sondeo publicado por Cifras y Conceptos (CyC) indica que Santos aún sigue al frente. Las mediciones de esta firma, más fiables gracias a las técnicas de recolección de datos que emplean (entrevista cara a cara, en lugar de encuesta telefónica), dan a Santos un 27% de las preferencias ciudadanas. Entre tanto, Zuluaga marca el 19% y el voto en blanco ocupa el tercer lugar con el 17%.

Estas cifras no representan novedad alguna para el oficialismo, ya que desde febrero las preferencias por Santos no han bajado más allá del 23%, ni han superado el 32%. Sin embargo, para Zuluaga los guarismos son muy positivos y requieren explicación. En línea con el mayor y mejor reconocimiento de Zuluaga que la encuesta de Gallup indicaba la semana pasada, el sondeo de CyC ratifica la creciente imagen favorable del candidato uribista, al pasar del 23% al 38% entre marzo y abril. Esta favorabilidad se estaría traduciendo en votos que no necesariamente vienen de otros candidatos, sino del descenso en el voto en blanco, el cual dentro de la serie de encuestas de CyC, bajó del 27% al 16%.

Otro elemento explicativo en el ascenso general de Zuluaga es su fortalecimiento en la plaza electoral más importante del país, Bogotá. Según la misma encuestadora, el porcentaje de capitalinos que votarían por Zuluaga, si las elecciones fueran mañana, sería el 29%. En marzo solo recogía un 16%. Es factible que los acercamientos con el ex-vicepresidente Francisco Santos — enemigo acérrimo del primer mandatario y favorito a la alcaldía de Bogotá — y que terminaron con su adhesión a la campaña de Zuluaga hace pocos días, hayan influido en este repunte.

La encuesta de CyC además señala un empate entre Peñalosa y Clara López (Polo Democrático y Unión Patriótica). Ambos candidatos capturan el 10% de las intenciones de voto. Entre tanto, Marta Lucía Ramírez (Partido Conservador) registra un 8%, igualando a los indecisos. De forma similar, el sondeo del CNC muestra a López con el 11%, a Ramírez con el 10%, el voto en blanco con apenas el 7% y a los indecisos con el 14%.

Escándalos con efecto político

A 15 días de la elección, esta semana las campañas presidenciales fueron sacudidas por fuertes escándalos vinculados a las candidaturas de Santos y Zuluaga.

En el oficialismo, Juan José Rendón Delgado (más conocido como J.J. Rendón), el principal asesor y estratega de la campaña del presidente Santos renunció el lunes a su cargo tras acusaciones de robarse millones de dólares de un grupo de narcotraficantes. El grupo habría estado negociando con el gobierno su entrega a la justicia. Hasta ahora parece claro que el presidente ignoró la propuesta mafiosa y dejó el caso en manos de la fiscalía. En tanto, el ex presidente Uribe aprovechó la ocasión para arremeter contra Santos, asegurando que Rendón habría girado US$ 2 millones para la campaña del actual mandatario en 2010, declaración que le valdrá una denuncia penal por parte del equipo santista.

En el terreno de Zuluaga las cosas no están mejor. Un hacker fue capturado el martes acusado de interceptar ilegalmente comunicaciones del gobierno, periodistas y miembros de las FARC, este último grupo en negociaciones de paz con el gobierno en La Habana. El hacker resultó ser un miembro de la campaña de Zuluaga.

Los vínculos del hacker con la campaña de Zuluaga quedaron al descubierto tras un fallido intento del gerente de la campaña (en compañía del hacker) por difundir una noticia según la cual las FARC obligarían a votar por Santos en el departamento del Putumayo. El hecho puso en el tapete las intenciones de jugar sucio en la contienda electoral y de hacerlo incluso a costa del proceso de paz. Las reacciones fueron inmediatas. El director del partido Liberal acusó a Zuluaga de traicionar al país en su afán presidencial. Adicionalmente, un senador exigió la renuncia de Zuluaga a la candidatura presidencial.

Por ahora el momentum mediático (negativo) está más cerca de Zuluaga que de Santos, aunque el efecto político de los escándalos en ambas candidaturas está por verse.

Colombia en statu-quo

La carrera por el control de la Casa de Nariño está transitando por una especie de letargo a poco menos de un mes de la elección. De no mediar sorpresas, Juan Manuel Santos (Partido de la U), será el primer candidato en asegurar un cupo para la inevitable segunda vuelta electoral. El presidente-candidato lidera la intención de voto con cerca de 30% de las preferencias.

La verdadera pregunta es quién lo acompañara en la segunda vuelta: Óscar Iván Zuluaga (Centro Democrático) o Enrique Peñalosa (Alianza Verde ). Si bien ambos contendores estarían casi igualados, el pronóstico de Tresquintos sugiere que la balanza estaría levemente inclinada hacia el aliado de Uribe. Mientras que Zuluaga obtendría cerca de 18%, Peñalosa obtendría cerca de 16%.

La relativa estabilidad en las preferencias de los colombianos se explica por un factor clave: la ausencia de un debate de ideas. Más allá de los mensajes y emplazamientos a través de los medios de comunicación, los candidatos a la presidencia no se han enfrentado cara a cara. Los colombianos no han podido comparar sus programas. Esto explicaría el alto porcentaje del voto en blanco, que si bien podría alcanzar un máximo histórico (16%, según el pronóstico de Tresquintos), no sería suficiente para invalidar la elección.

En este escenario de pasividad, Santos reporta los dividendos más altos. Los colombianos tienen absoluta claridad respecto al programa de gobierno del mandatario en ejercicio y por sobre todo, su propuesta en materia de seguridad democrática. La lenta marcha de las negociaciones de paz en La Habana extiende la ventaja de Santos frente a sus contendores. Para muchos votantes no parece una decisión prudente un cambio en el liderazgo mientras no se cierre el capítulo con las FARC.

Lo que queda por definir es si será sostenible rehuir el enfrentamiento cuando queden solo dos aspirantes al sillón presidencial. Cuando la segunda vuelta esté firmada, los días para un verdadero debate estarán contados.

Zuluaga asoma como rival de Santos en segunda vuelta

Encuestas publicadas la última semana indican que es muy probable un segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia. Juan Manuel Santos, quien sigue al frente de las intenciones de voto en todos los sondeos — con un rango que va entre 23% y 32% — será uno de los candidatos que aparezca en la papeleta de votación, pese a que a 23 días de los comicios un paro agrario que se lleva a cabo en zonas del Huila, Boyacá y Cundinamarca representa una amenaza para la campaña del candidato oficialista.

El contendor de Santos no esta aun definido, no obstante el reciente despegue de la candidatura de Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático. Según las encuestas Gallup e Ipsos, las intenciones de voto para Zuluaga alcanzan el 15% y 20,5%, respectivamente, frente a 11% y 10,1% de las preferencias ciudadanas capturadas por el candidato del Partido Alianza Verde, Enrique Peñalosa.

Si bien estos datos ponen fin al empate técnico, que por semanas se ha presentado entre estos dos candidatos (con márgenes de error del 3%) no ocurre así con los guarismos del Centro Nacional de Consultoría (CNC) y de Datexco, que otorgan a Zuluaga una ventaja más estrecha sobre Peñalosa, entre 0,3% y 1%.

Ninguna salida en falso de Peñalosa, ni ningún anuncio audaz o logro importante de la campaña de Zuluaga ocurrieron en días pasados como para explicar la caída del candidato verde y el auge del aspirante uribista. Si bien es cierto Peñalosa generó noticias negativas con respecto a unas declaraciones descontextualizadas relacionadas con prejuicios racistas, estas no fueron difundidas en masa ni como primicia por los medios de comunicación. Su descenso probablemente está ligado con el hecho de que encuestas recientes, como la de Gallup, miden mejor las preferencias de los ciudadanos en zonas rurales; así como que Datexco, que en sondeos anteriores sobredimensionó el peso electoral de Bogotá y de las ciudades , y por ende del candidato verde modificó sus técnicas de recolección de datos, eliminando el sesgo hacia el estrato medio-urbano que hacía más fuerte al exalcalde.

Entre tanto, los 3 o 4 puntos porcentuales de más que captura Zuluaga tienen diferentes orígenes, según la encuesta. Por ejemplo, en el sondeo realizado por Gallup, estos pueden venir del declive en el voto en blanco, que si bien sigue alto (16%), hace dos meses registraba 28%, y en marzo 20%. En el caso del CNC, el incremento de Zuluaga puede ser resultado del descenso de los indecisos, que pasó del 10% a comienzos de abril a 5% la semana pasada.

Si bien hay que reconocer que la caída tanto del voto en blanco como de los indecisos de forma no proporcional entre todos los candidatos parece extraña, es consistente con el notable florecimiento en imagen y reconocimiento de Zuluaga en el último mes. La opinión favorable del candidato del Centro Democrático fue la única en mejorar, al subir 7 puntos del 34% al 41%, mientras que las de los demás candidatos bajaron o se mantuvieron estables.

Las encuestas realizadas por el CNC y Gallup además señalan un ligero repunte de la candidata del partido Conservador, Marta Lucía Ramírez, registrando el 10% y 11,2% de la intención de voto, respectivamente. Mientras tanto, las preferencias por Clara López, de la alianza Polo Democrático y Unión Patriótica, persisten entre el 6% y 9,6%.

A un mes de las elecciones presidenciales

La restitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, así como algunos conflictos surgidos en la coalición oficialista marcaron el acontecer político en Colombia. A un mes las elecciones presidenciales, no se difundieron nuevos sondeos de opinión pública. Sólo la proyección del voto en blanco, publicada por Tresquintos agregó nuevos elementos de análisis esta semana.

Sin embargo, al interior del santismo sondeos internos revelados por el portal colombiano, La Silla Vacía, habrían mostrado que Juan Manuel Santos continúa al frente de las preferencias ciudadanas con un 32% de los votos, seguido del candidato del Centro Democrático, Oscar Iván Zuluaga, con 14% y Enrique Peñalosa, del Partido Verde, con 13%. Estos últimos porcentajes son prácticamente iguales a los que publicó Cifras y Conceptos el 31 de marzo (teniendo en cuenta los márgenes de error). En tanto, las preferencias por Santos son moderadamente más altas que las mostradas recientemente por el Centro Nacional de Consultoría, entre 23% y 27%. Por último, el porcentaje de los indecisos, alcanzaría el 10%.

Uno de los elementos más destacados del análisis oficialista es el supuesto repunte de Santos, que sorprende si se contrasta con los acontecimientos políticos que han afectado al gobierno y su campaña reeleccionista en días pasados. Por un lado, la restitución del alcalde de Bogotá por orden de un juez hizo ver la decisión tomada por el primer mandatario — de no acatar la recomendación de suspender el proceso hecha por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en marzo — como errada e inocua. Por otra parte, el malestar y los conflictos registrados al interior de la coalición oficialista entre congresistas liberales, representantes de Cambio Radical y las directivas de la campaña, no se estarían suscitando si el optimismo y la confianza reinaran en el equipo santista a solo un mes de los comicios.

Las campañas de los candidatos que pelean por el tiquete a la segunda vuelta siguen sin despegar, pese a que ninguna encuesta indica que Santos obtendrá la mayoría absoluta el 25 de mayo. La candidatura de Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador, ha centrado el debate político sobre la convención del partido en la cual fue elegida y sobre la que el Consejo Nacional Electoral emitirá un juicio próximamente, que de ser negativo podría poner fin a sus aspiraciones presidenciales.

En tanto, declaraciones sustanciales hechas por Enrique Peñalosa, quien en un eventual gobierno no estaría dispuesto a firmar un comercial con Corea del Sur (que se está negociando actualmente) o que la candidata del Polo Democrático, Clara López, quien se opondría a las importaciones de café de ser electa presidenta, pasan completamente desapercibidas por los principales medios colombianos, se relegan a notas marginales o curiosidades de campaña, pese a que éstas revelan posiciones políticas e ideológicas con implicaciones de cierto calibre.

Peñalosa ha acaparado más portadas por supuestas declaraciones racistas (descontextualizadas). En una entrevista en la Revista Bocas, Peñalosa, en la que indicó: “Trabajé más de dos años como obrero raso en una construcción, tan raso, que era el único no negro de la obra”. Las declaraciones le valieron dos días de mala prensa y la increpación de la fundación CHAO Racismo.

Finalmente, la anunciada estrategia ausentista de Santos y de Peñalosa en los debates presidenciales, sumada a una probable reproducción de noticias alrededor del paro agrario programado para el lunes 28 de abril, la muy factible impugnación de la medida que restituye al alcalde Petro — además del renacer de una revocatoria de su mandato por la vía plebiscitaria — y el reinicio de los diálogos de paz en Cuba, auguran el dominio de los espacios mediáticos por el candidato oficialista.

Santos sigue en la punta

El presidente y candidato del oficialismo Juan Manuel Santos registra una intención de voto de 27% en la encuesta publicada el pasado lunes por el Centro Nacional de Consultoría (CNC). En tanto, Enrique Peñalosa, del partido Alianza Verde y Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático, se pelean por el segundo lugar y el pase a la segunda vuelta en junio con el 17% y 15% de las preferencias ciudadanas, respectivamente. Estos guarismos equivalen a un empate técnico entre los dos aspirantes. La leve tendencia a la baja en la intención de voto por Santos registrada en las últimas tres semanas se mantiene.

Los porcentajes de votación que obtienen todos los aspirantes siguen sin mostrar altibajos importantes: el gobierno del presidente Santos no logró capitalizar políticamente la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro y, de hecho, es posible que la próxima semana tenga que restituirlo en el cargo, según lo determine el Consejo de Estado. Las medidas del gobierno dirigidas a contener la amenaza de un segundo paro agrario solo han logrado prevenir una caída más fuerte en la popularidad del primer mandatario, quien además ha tenido que resistir duras críticas sobre proceso de paz hechas por el expresidente Álvaro Uribe, como por el candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga.

Sin embargo, Santos continúa perfilándose como el más probable ganador de la elección presidencial. Las razones que explican el liderazgo del candidato oficialista han sido dilucidadas en parte, tras el análisis de los datos de otra encuesta hecha por el CNC. El sondeo consultó a los ciudadanos respecto a las características que prefieren encontrar en un candidato presidencial: visión de futuro, honradez, respeto por la democracia, que impulse el bienestar económico y respete la democracia son algunos de los rasgos más importantes registrados por la encuesta. Los resultados del sondeo muestran a Santos como el candidato que más se acerca a dichos ideales. Destacan el respeto por la democracia y tener una visión de futuro para el país. Percepciones como estas son poco susceptibles de cambiar en el corto plazo y ayudan a entender por qué Santos lidera las encuestas.

Respecto al voto blanco, comparado con los niveles marcados en marzo, continúa su tendencia a la baja ubicándose en el 9%. Los escasos puntos porcentuales de más que muestran Peñalosa y Zuluaga probablemente se originen en votantes que antes se inclinaban por el voto en blanco o en aquellos que están saliendo del rango de los indecisos. Encuestas realizadas en marzo por Ipsos y el CNC registraban a los indecisos representando el 19% y 13% respectivamente, mientras que en el sondeo del pasado lunes este grupo representaba el 10%.

La Semana Santa y la muerte del nobel Gabriel García Márquez el pasado jueves eclipsarán las noticias de campaña en los próximos días. Después del receso, y prácticamente a un mes de las elecciones, la carrera por la presidencia entra en su recta final.

Una carrera presidencial estática

El candidato oficialista, Juan Manuel Santos, continúa en el primer lugar en las encuestas, con el 23% de la intención de voto para las elecciones de mayo. En el segundo puesto se encuentra Enrique Peñalosa, del partido Alianza Verde con el 13% seguido de Oscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático con 11%. La realización de una segunda vuelta en junio parece inevitable.

Estos datos no representan alteraciones esenciales frente los resultados que arrojaron las encuestas la semana pasada. Sin embargo, y en línea con los pronósticos de Tresquintos publicados el 3 de abril,  hay que destacar dos puntos: primero, se nota una leve tendencia a la baja en la intención de voto por Santos; segundo, sigue sin definirse quién, entre Peñalosa y Zuluaga, será el contrincante de Juan Manuel Santos en segunda vuelta.

En términos generales, la estabilidad de las tendencias en las preferencias ciudadanas sugiere que la estrategia del gobierno — de reposicionarse electoralmente en Bogotá avalando la destitución del alcalde Gustavo Petro — por el momento, no ha dado réditos electorales. De hecho, según Cifras y Conceptos, el 59% de los bogotanos se muestra en desacuerdo con la decisión tomada por el presidente.

Los resultados de la encuesta más reciente, realizada por el Centro Nacional de Consultoría y divulgada el pasado martes, confirman la continuidad en los patrones de intención de voto: sin variaciones para Peñalosa y de tan solo más o menos un 1% para los otros candidatos. Según datos de la encuesta publicada por Cifras y Conceptos el pasado 27 de marzo, Clara López, del Polo Democrático registra un 9% y Marta Lucía Ramírez, del partido Conservador captura un 5% de las preferencias de los votantes.

Las encuestas también indican un descenso en la intención de voto en blanco en comparación con los muy elevados registros anteriores a las elecciones legislativas (9 de marzo), pero si se suman a éstos los ciudadanos que declaran estar indecisos, no saben o no responden, el rango continúa siendo alto, entre el 23% y 39%.

A 50 días del día de los comicios el ambiente electoral parece en estado de coma. Las noticias más leídas en la prensa rara vez se refieren a una declaración o acontecimiento de alguna campaña. Los editoriales de los medios destacan el tedio del electorado. Hasta ahora, brillan por ausencia los debates entre los candidatos y las audiencias masivas, de hecho esta es una de las razones que podría explicar el ambiente de abstencionismo en el electorado colombiano.

Colombia: Lo que está en juego

El Fondo

En mayo Colombia decide si reelige al presidente saliente, Juan Manuel Santos, o vota por un nuevo líder. No es poco lo que esta en juego. Dependiendo de qué candidato llegue a la Casa de Nariño –  y el abanico de opciones abarca desde la derecha conservadora a la izquierda radical pasando por dos opciones de centros – algunas de las políticas medulares de los últimos años podrían verse revertidas, pues las diferencias entre los candidatos son sustanciales.

Sobre el papel, y en vista de esa diversidad política e ideológica, en las próximas elecciones existe el riesgo de que el péndulo en materia de política económica se distancie del modelo neoliberal. Por ejemplo, el ideario de unidad del partido de izquierda Polo Democrático tiene como punto de arranque “el rechazo de la globalización neoliberal expresada en el Tratado de Libre Comercio con EE.UU”. En 2012 Colombia firmó tal acuerdo con el coloso del norte y el año pasado otro con la Unión Europea, actualmente está en negociaciones similares con Corea del Sur. Si bien la izquierda buscaría renegociar o revertir arreglos de este tipo, la probabilidad de que llegue al poder es baja.

Sobre los diálogos de paz que el gobierno de Santos adelanta en La Habana con la guerrilla de las FARC, el gran crítico al proceso es el Centro Democrático (CD). El candidato del partido, Oscar Iván Zuluaga, ha dicho que “no se arrodillará ante el terrorismo ni el castro-chavismo”. Un punto importante en el que el CD ha capturado el sentimiento de los colombianos es en que la mayoría quiere ver a las FARC pagando sus crímenes con cárcel (81%, según una encuesta de Ipsos). Si el presidente electo fuera Zuluaga, el rumbo de los diálogos — como está formulado hoy — cambiaría drásticamente.

En el caso que el vencedor fuera Enrique Peñalosa – de Alianza Verde – y los eventuales acuerdos en La Habana llegaran a buen puerto, quedarían por resolver sus ratificaciones, en las que el Congreso tendrá voz y voto. La posición del partido verde como minoría, y los problemas de gobernabilidad que esto conlleva, no harán este trámite (ni ningún otro) nada fácil. Una situación en la que el partido del presidente cuenta con el 5% de los escaños en el Senado es inédita en el país.

La Forma

En esta ocasión el proceso electoral mismo será más importante de lo que parece a primera vista. Con abstencionismo, clientelismo, casos de fraude electoral y demás vicios e imperfecciones del sistema político, el proceso electoral deberá ser — y parecer — decididamente justo y democrático. Las garantías electorales en cuanto a seguridad, acceso a financiación estatal y a medios de comunicación públicos, han de ser efectivas y equitativas para todos los candidatos por dos razones de fuerza mayor.

Primero, el regreso del partido de izquierda Unión Patriótica (UP) que tras recuperar su personería jurídica participa en las elecciones en coalición con el Polo Democrático. A finales de los años 80 y comienzos de los noventas la UP fue victima de un “genocidio político” en el que dos candidatos presidenciales y 4,000 de sus militantes fueron asesinados. La participación de este partido en un proceso electoral democrático donde su programa e ideario puedan ser divulgados libremente, y esto se traduzca en votos y representatividad política tiene un significado extraordinario en la coyuntura actual, pues no solamente le demuestra a la izquierda radical (entre sus fundadores figuran integrantes de frentes guerrilleros desmovilizados) que sí es posible hacer política dentro del marco legal, sino que reconfirma la obsolescencia de la violencia como expresión política en el país.

Segundo, una aceptación generalizada entre electores y candidatos de que las elecciones presidenciales fueron limpias sería vital  para restar importancia a posibles acusaciones de ilegitimidad. Fuertes declaraciones alegando la ilegitimidad del recién elegido congreso fueron lanzadas por el popular expresidente Álvaro Uribe, ahora senador electo y jefe del CD, sobre los comicios legislativos del pasado 9 de marzo. Ante una posible derrota del candidato del uribismo en las elecciones presidenciales de mayo es probable que se intenten sembrar dudas sobre la legitimidad política de un segundo gobierno de Santos. La forma más eficaz de combatir este peligroso juego sería con un proceso electoral transparente y contundente — en el que ganadores y perdedores tengan que consentir los resultados sin vacilación.

Seguridad y Crecimiento

Las elecciones se dan en un contexto favorable para el país: una década de desempeño económico aceptable caracterizado por bajas tasas de inflación, crecientes influjos de inversión extranjera y apertura comercial. El sector minero-energético ha sido clave para el desarrollo exportador, generando divisas y recursos fiscales destinados al gasto militar y  social — la construcción de vivienda de interés social siendo un rubro importante. Colombia ha aprovechado la bonanza en los precios globales de productos primarios gracias a las mejoras que las dos administraciones de Álvaro Uribe (2002-2010) propiciaron en seguridad. Los factores determinantes de esta mejoría fueron dos: la exitosa arremetida militar que dio de baja a varios de los comandantes de las FARC y forzó el repliegue de sus frentes, es decir, su debilitamiento estratégico y militar; y la desmovilización de los grupos de autodefensa — cuyo número sobrepasó los 20,000 hombres.

Santos ha defendido los avances legados en esta materia, y ha abierto la puerta a la negociación política con las FARC como camino para acabar con el conflicto. La decisión de probar el diálogo cuando la superioridad militar se ha hecho evidente es necesaria pero arriesgada políticamente. Según las encuestas, la mayoría de los colombianos respaldan los diálogos de paz que se están llevando a cabo desde agosto de 2012 con esa guerrilla en La Habana; pero pese al momento histórico que estos representan, a la opinión pública en general le preocupa más el desempleo, y la calidad/cobertura de la salud que lograr un acuerdo de paz con la insurgencia (según una encuesta de Gallup).

La importancia de las negociaciones de paz para la economía es mayor de lo que piensa el electorado, pues dar por sentado que el modelo de desarrollo extractivo en curso es independiente de los vaivenes del conflicto armado es peligroso. Siendo la minería el principal motor exportador, el foco de la inversión extranjera y una fuente importantes recursos fiscales, lo que suceda en las regiones en términos de seguridad en la exploración, explotación y transporte de productos minero-energéticos afecta seriamente la competitividad del sector en los mercados externos. El rompimiento de los diálogos y un eventual regreso a la guerra abierta entre las FARC y el estado podría frenar el crecimiento derivado de este modelo. Para algunos economistas el fin del conflicto armado significaría un aumento del uno por ciento anual en el PIB. Si esto es importante en términos económicos, lo es más aun para la política y la sociedad en general.